Adriana Gilces

MI SEÑOR VERDE OLIVA💚

Cuando nos mirábamos, no existía placer más grande; sus ojos pardos y los míos cafeses, era como una explosión de amor.
Cuando tomaba sus manos, recuerdo cada línea de ellas; y también recuerdo las veces que esas mismas manos tocaron cada centímetro de mi cuerpo, las manos con las que recogía su arma cada vez que tenía que regresar a su labor..
También recuerdo su pecho, ese lugar del que nunca quería salir cuando estaba recostada en el, su pecho era mi refugio, cuando tenía un mal día o tan sólo cuándo quería sentirme más cerca de él, ese pecho que al amanecer se cubría con su chaleco y sus prendedores de Policía, con todas sus medallas, y que me hacía sentir orgullosa, no paraba de pensar que en la noche ese pecho estaría descubierto para ser nuevamente mi regazo.
También su voz, tan varonil, tan hombre, tan fuerte, tan señor, tan caballero, y tan dulce cuando me tenía desnuda susurrandome al oído que me amaba y que nunca me cambiaría.
Recuerdo todo de él, en lo absoluto, no he olvidado ningún detalle. Era la mujer más dichosa al tenerlo cerca, y era la más infeliz cuando no regresaba.
Me enamoré perdidamente de un policía; me enamoré de su todo, de su escaso tiempo; de su terquedad, de su dureza, de su seriedad; me enamoré de la mezcla de hombre y de niño que el tenía.. me enamoré de un hombre prohibido; me enamoré de él; como se enamoran las niñas de 15 por primera vez.
Y ahora, sacarlo de mi cabeza es imposible; sacarlo de mi mente aún más; sacarlo de mi cuerpo no se puede; y sacarlo de mi vida es un arma mortal.
Mi señor prohibido, tal vez usted no lea esto, pero le entrego todo para que usted sea mío completamente, mi señor de uniforme verde oliva..