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Cinco letras (TE AMO).

 

“Imagina en un instante tu mayor punto de felicidad,
describe en cinco letras la plenitud de tu alma.
Grita la palabra qué da al unir las letras
Dime, ¿Cómo se escucha? ¿Es clara la palabra? “
Eso me dijo un anciano ciego y perdido,
una tarde qué vagaba por la calle de la melancolía.  
Yo alucinado me fui al olvido,
recordé cuando mi vida era calma.
Yo sabía qué esa podría ser la palabra,
pero después de algunos segundos pensé en la llama.
Llama de mi cuerpo qué ardía por dentro hace tiempo,
en verdad sentí qué había comprendido el juego.
Pero no esa no era la palabra.
Mi río de pensamientos me llevo a aquella mirada,
la de esa dama qué robo la calma y mi llama.
Entonces recordé dos palabras escritas por cinco letras;
unidas las grite y salió de mis labios el “TE AMO” más sincero.

 

Aquella mujer, ¡Oh! en verdad la recuerdo bien.
Yo vivía en su piel, la musa perfecta de cualquier poeta,
ella era tan cruel, al mismo tiempo era linda y buena.
Toda una señora y a veces una jovenzuela qué llora por cualquier cosa.
Me tenía loco, en ocasiones pienso qué era su pasatiempo.
Estar con ella era mi utopía, me sentía libre, rebelde y vivo.
No encontraba un lugar más cálido en donde seguir.
Mis pasos iban a dónde iban los de ella,
Aquella mujer, ¡oh! sus ojos tan iracundos
me daban calma, combinaban con mi llama.
Los besos de ella arrancaban mi alma,
con rabia me mordía la espalda.
Alaridos gritaba mi ser por la sensación de tan extraño placer.
Aún recuerdo a la mujer qué con sus rarezas complejas, se robó cinco letras.
Cinco letras, un TE AMO, mejor dicho,
dos mil setecientos veintitrés veces lo arranco de mi pecho.
Mi corazón aún sigue herido, por la ausencia de aquella mujer.

 

El anciano, atento a mis suspiros y latidos, al instante comprendió.
Fuerte y claro me dijo: “Amigo, no sea tímido, me imagino qué aún la ama,
en su cama se encuentran todavía las mismas sabanas, donde el sudor de ella
se impregno, y tal vez no esté ella, pero usted aún piensa qué en las noches
ahí desnuda se posa ella, amigo sea sincero consigo mismo, haga caso al consejo
de este desdichado viejo, qué en algún momento del tiempo, hubo una bella dama
y la aún recuerdo con las mismas ganas qué lo hace usted, la diferencia amigo, es qué ella
ya se fue, a otro mundo dónde no la puedo ver, en cambio usted, puede ahora mismo
salir corriendo, por el frío asfalto a buscar aquél cuerpo qué le robo tantos orgasmos,
no sea imbécil, ni demente, quiérase un poco y en este mundo loco, arrebaté ahora usted
un TE AMO de los labios de aquella mujer ¡Oh! Ande, avance, corra, vuele hacía los labios de su mujer”.    

 

Ahora me encuentro en la odisea de encontrar el rastro de mi elegante doncella.
Será una larga quimera, volver a verla, no sé cómo reaccione ella,
al ver a esté hombre triste que llora por ella.
Le estoy pidiendo al infinito ayuda, qué me oriente en este camino.
La tragedia apenas empieza, aquella mujer tal vez a otro cuerpo besa.
Pero presiento muy adentro qué los hermanos tiempo y destino se unirán a mi causa
y dentro de algunos fugaces momentos, esté yo junto a aquella mujer,
compartiendo orgasmos, besos, caricias, mordidas, ideas, pensamientos, tertulias, conflictos problemas, alucinaciones y sobre todo esas cinco letras,  un TE AMO, inagotables hasta qué dejemos de vivir.