EDGARDO

RĂ©quiem para un amigo

 

Los amigos son una raza en extinción; son como la sangre a la herida, que acude sin ser llamada, estas dos frases pueden resumir la vida de un ser que deja un gran legado de fraternidad, respeto y honestidad y que hoy nos deja físicamente, pero que su espíritu vivirá perennemente entre nosotros, solo se ausenta aquel que no provoca recuerdos, aquel que no vive fraternamente.

     Deseo iniciar agradeciendo a la familia Salazar Brito por haber permitido que vuestra casa se convierta en nuestra casa (de los amigos del colegio en la época estudiantil, y de los amigos de trabajo) 

     Cuando se tiene que hablar de un amigo no se necesita rebuscar palabras, ni se tiene que escudriñar en la fantasía de los seres humanos, o buscar entre lo  superfluo y falso, algo para rescatar y revalorizarlo, cuando se habla de un amigo sólo se debe dejar que el corazón exprese lo que siente; entonces, cuando la boca dice lo que existe en el corazón, se habla con la verdad.

      En la familia se vive con los hermanos de sangre, más en la vida se comparte con los hermanos que uno escoge, los hermanos de corazón, con los verdaderos amigos. Hoy al tener que despedir a  un gran ser humano, los corazones se agrietan y los ojos se empañan de lágrimas porque un amigo y hermano deja un vacío que nadie lo puede llenar.

     En medio de este dolor que nos embarga su partida, nos toca agradecer a Dios y a la vida por haber tenido la suerte de compartir estos años con nuestro querido Ñaño Mono.

     A mi mente vienen  recuerdos  como música blanda y deliciosa, del momento compartido en fraternidad y respeto, las imágenes que recapitulan las travesuras vividas de adolecentes parecen frescas y detenidas en el tiempo.

     Aquel joven lleno de ilusiones, que con su dialecto y carisma únicos, para los finales de los setenta llega a nuestra querida Salle, llega para quedarse para siempre entre las canchas, las aulas, los muros y los corredores de la Institución. Los amigos y los profesores y todos quienes lo conocimos, lo recordaremos como una invalorable persona,

     Por su calidez y amistad, su trato afable y respetuoso y por su don especial, de saber escuchar y guardar en secreto lo confiado, los amigos del entonces colegio Hermano Miguel, se encargaron de ponerle el sobrenombre de “Ñaño Mono”, apodo que heredaría luego su hermano Luis quien llegó como nuestro entrenador de futbol en los ochenta y se convertiría en su compañero fiel de su itinerario Lasallista.

     Su estadía deja grabada en nuestros engramas a un ser callado, introvertido pero excelente amigo, recuerdo los partidos de fútbol que compartimos y los goles que juntos gritamos desde los catorce años defendiendo los colores verde y blanco de nuestra Salle querida. Por su capacidad futbolística a pesar de su edad jugó luego en la categoría Sénior,

En  clase se caracteriza por ser callado, Geovanny se acordaba anoche que el profesor de biología, Dr. Patricio Barzallo le decía que nunca le escuchaba opinar en clase, entonces con su voz característica le contestó: “Profe prefiero estar callado que hablar huevadas”, lo que causó hilaridad entre los compañeros  y claro, le sirvió para no dar la lección.  Así fue su vida de silenciosa, si decía algo, era para alentar, animar o aconsejar, más no para ofender o hablar mal de los demás; su carácter y temperamento, no dejaron que su boca se abra para contar sus problemas, ni para relatar sus penas o dolor que sentía; cuando se le preguntaba cómo está, o que le pasa sólo decía; “todo tranquilo, allí con un problemita… pero ya ha de pasar”.

     Vivía la vida de una manera simple pero dignamente, con los valores inculcados por sus padres,  hermanas y hermano mayor, con quien fielmente venía a su jornada de trabajo, siendo uno de los primeros en llegar a la Institución.

     … Los años de juventud pasan; las bancas del parque Calderón se convierten en testigos fieles de su amor, paciencia y perseverancia, en ellas todos los días, esperaba sentado a que salga del trabajo a quien sería luego su esposa y madre de su hijo e hija, a quienes amó entrañablemente. Cuántas veces, mientras esperaba a su enamorada, nos sentamos juntos a conversar, e incluso para hacer tiempo nos íbamos a comer y beber algo.

     En los años 91-92, fue el quien a mi llegada de Quito terminando mi carrera y de estar en el Colegio Militar quien me insistía que deje la carpeta en la Salle, puedo decir que gracias a su insistencia y apoyo incondicional llevo ya en la institución 23 años…

     Lo recuerdo con alegría en sus clases de Cultura Física, evoca en mi mente, el trato tierno que daba a los niños. Ulteriormente se desempeña guarda almacén, al cuidado de él estaba un arduo trabajo, útiles escolares, uniformes, fotocopias, hojas… para cumplir a cabalidad con el mismo no le importaba quedarse laborando fuera de los horarios de trabajo, lo importante era tener todo listo. Lo admirable era la paciencia y amabilidad con la que se manejaba, los testigos de aquello posiblemente están hoy aquí convertidos ya en profesionales, y simplemente ahora afloren en ustedes sus recuerdos de niños…   

     … Cuántos de los niños y jóvenes de antaño, que entre ayer y hoy les he visto aquí fuimos sus bienhechores, seguro estoy que a nadie negó un favor solicitado, si se le pedía ayuda con una copia y con las hojas para las pruebas o de dibujo para que sean fiadas y aunque no eran canceladas, su bondad era más grande y siempre que era requerida su ayuda allí estaba su mano generosa y corazón noble para ayudar, aunque luego de su bolsillo tenía que cuadrar las cuentas con sus superiores. También de los amigos, compañeros de trabajo, fue innumerable veces el “salvador” y nos sacaba de problemas económicos.

     Los compañeros de trabajo y sus amigos guardamos los mejores recuerdos de “Ñañito”, “Ñaño Washo” o “Ñaño Mono” como era tratado; nunca dijo alguna palabra lacerante en contra de nadie… en la última reunión de los Colaboradores Lasallistas,  el viernes 13 de mayo con que carisma y tranquilidad compartió con los presentes, lo que sería la última reunión en la que disfrutamos su presencia, al final de la misma con que alegría y paciencia me acompaño a dejar a algunas compañeras y compañeros en su casa, en el recorrido comentaba que nunca se había sentido tan contento, “a los tiempos disfrutamos entre compañeros en un ambiente fraterno, replicaba seguidamente”,  hasta que le toco quedarse en casa cerca de las cuatro de la mañana y para despedirse fraternalmente me dijo gracias por estos gratos momentos compartidos.

     El lunes siguiente con un abrazo y palabras entrecortadas pero cargadas de sinceridad con la amabilidad que le caracterizaba me abrazó y nuevamente me agradeció por lo vivido en la reunión del viernes, por haber acolado a los compañeros y compañeras y por todo lo que había hecho por él … ¿acaso este acto representaba ya la antesala de su despedida?

     … Dos llamadas detiene el calendario en la mañana del sábado 28 de mayo, Juan llama por primera vez a preguntar si se algo del Ñaño Washo y la segunda para darme la noticia de que había muerto, los planes del día se trastocan, hay que ir a saber por uno mismo si la noticia era cierta, ya que la incredulidad invadió mi ser, más al llegar a su casa y ver a sus hermanas golpeadas por la irreparable pérdida y al ingresar a la sala de su casa, en donde vivimos tantos recuerdos, al ver su cuerpo inerte, reflexioné que es un soplo la vida, y hay que saberla vivir;  pude entender también, que realmente la muerte de los seres humanos esta en íntima relación con su vida.

     … El ser que en silencio vivió su existencia, en silencio dejó este mundo para convertirse en ángel, seguro estoy que desde el lugar en el que se encuentre cuidará por cada uno de nosotros e intercederá ante el buen Dios por nuestras vidas, hoy cumplirá ya con su deseo de acompañar a sus viejitos, padre y madre, para que no tengan más frío, en ese lugar especial de su añorado hogar.

… Querido amigo, hermano y desde hoy ángel Washington, te queremos decir que sólo te has adelantado hacia el más allá a preparar nuestro camino, sé que en algún momento nos volveremos a encontrar allí donde todos los seres tienen el mismo valor, allí donde el egoísmo humano termina y empieza la verdadera vida y nuevamente podremos recapitular nuestras travesuras y aventuras compartidas.

     En nombre de todos quienes hacemos la Salle de Cuenca, te decimos que solamente tu presencia física será la que no nos acompañe, pero tus enseñanzas perdurarán por siempre,  y serán fundamentales para darle sentido a nuestro día a día, gracias por existir en nuestras vidas, te aseguro que tu legado dejado servirá para ser mejores cada día, hoy mismo estás cosechando aquello que sembraste con amabilidad y respeto, tus dones de persona han permitido reunir a Lasallistas de varias generaciones para decirte hasta pronto querido e entrañable amigo, hasta pronto “Ñaño Mono”.

     A sus familiares, esposa, hijos hermanas, hermanos, sobrinas, sobrinos,  que Dios les de la fortaleza necesaria para aceptar sus designios y la esperanza de reencontrarse en Cristo en el día de la resurrección. Debemos confortarnos, pensando que el amigo, hermano, esposo y padre que nos enseñó a conocer lo más bonito de la vida, el amor y la amistad, se ha convertido en un ser celestial, dejó de ser nuestro amigo, nuestro tesoro;  para convertirse en un ser especial, en un ángel que junto a Dios velará por nosotros…hasta pronto invalorable amigo, hasta pronto eterno “Ñaño Mono” que Dios te tenga en su Santa Gloria.