CARLOS ALBERTO BADARACCO

EL PERDIDO

Hay que leer profundamente un texto para comprender su sentido.

 

 

Este no es un poema, no, qué va a ser:
Tiene tantas incoherencias como tiene un automóvil trepando,
Como quien escala al obelisco con una hoja de laurel pintado.
Quizás sea también un pájaro detenido en el aire,
tal cual se detiene la vida, cuando están volando los sueños
Este no es un poema, no, nunca lo ha de ser.

Ayer vagué por la plaza, con un pañuelo de seda,
Me lo robó justo el viento cuando sopló una simple brisa
Corrí hasta el infinito y nunca más lo alcancé
Parecía como la vida cuando uno no vale nada.
Alguien te corre, pretendiendo alcanzarte
y tú corres primero tras los triunfos perdidos
Este es mi razonamiento, simple, inaudito, frecuente,
un castigo del tiempo que me fue tallando el cuerpo.
A lo lejos veo las aves de rapiña y el mundo sembrando odios
Veo también fusiles que van carcomiendo sueños.

Ayer paseé por el parque y no vi vida alguna,
no había existencia posible en un mundo tan oprimido.
Escuché gritos de furia y seres cruelmente abusados
Vi razones perdidas como quien pierde verdades
Los gritos se llevaban certidumbres que nunca libertaban
Eran principios tan pobres como los que gritan los esclavos
Y otros gritos creían ver ilusorias visiones.
Me dije a mi mismo, ¡qué pobre es este mundo
cuando el odio se lo devora!.

CARLOS A. BADARACCO
7/3/14
(DERECHOS RESERVADOS)