Luis Burgos de León

En el árido horizonte.

En el árido horizonte que utilizaba a las montañas por murallas, murallas que ocultaban y habían ocultado al sol por años, ese sol de calor, de luz, ese sol de existencia. Habían pasado años desde el último ápice de vida en el muerto valle, lo más cercano a dicha eran los podridos troncos que cubrían el rocoso terreno en el que se había convertido el de porvenir.
Troncos negros, húmedos, comidos por insectos xilófagos de los que solo quedaba el recuerdo. Años atrás en si soltaron hojas a las que quiso acompañar que tornaron el suelo de verde, amarillo, marrón y negro hasta se engullidas por la tierra, o comenzar su viaje por aire o futuro mar por rio.
Río de substancia que desapareció sin el deshielo. Río cuna de peces y plantas, lugar de juegos de niños, donde la felicidad no era un nombre sino una realidad. Recuerdos de un valle que se fueron de este con y en el descenso y salida de la última gota que terminó en el mar, olvidada y oculta entre muchas otras.
En el árido horizonte que utilizaba a las montañas por murallas, murallas de blanco mármol y cristal. Cristal roto por las rocas marrones de afiladas arista que competían con el cristal helado. Cristal que hubiese reflejado la luz, pero por el cual solo se veía el nevado mármol. Piedra blanca que se desvanecía en la mano, mientras esta se desvanecía sin desvanecerse.
En la memoria quedaba el recuerdo de lo perdido por la blanca piedra, que a su llegada por el cielo caía, y mirando allá, perdíamos de vista el verde y florido monte, sin saber que verdaderamente lo perdíamos, y solo en la nostalgia ahora se encuentra.
Quiero la vuelta de aquel recuerdo acabado! Pero tengo miedo de que una falsa primavera parezca calentar y en su lugar acabe por enfriar más el valle, como ya paso anteriormente.
En el árido horizonte que utilizaba a las montañas por murallas, murallas tras las cuales, en el cielo comenzaba a tonar se naranja y el sol comentaba a surgir entre las almenas. Un sol tenue y templado empieza a calentar las murallas y sobre las cuales comienza a caer el rocío de la mañana eterna, y que arrastraba consigo el poco derretido mármol. Nieve, hielo, agua y ríoRío con afán de pasado y remota posibilidad de este. Aparecen, porque desaparece, brotes verdes nuevos cargados de esperanza. Es la llegada de la primavera.


Sevilla, 06/03/2015