Araceli Vellber

A las trincheras.

Descúbreme de entre la tierra de estas trincheras,

en la que has convertido mi habitación,

abre los ventanales y deja el polvo que lleve su recorrido natural

que vuele allá donde yo no llegaré jamás

y déjalo que vuelva a la tierra donde nací.

Recoge los restos con tus manos y deposítalos en aquel jardín

donde las amapolas eran azules,

los besos tenían sabor de vainilla

y el olor procedía del silencio.

En un tiempo hubo paz

sábanas limpias, recién planchadas

y comida caliente

existieron los besos y también los sueños     

existieron oasis entre desiertos y calma entre tormentas

ahora son trincheras cubiertas de tierra,

corazones sepultados, por una sepulturera vestida de violeta,

sin derecho al descanso de los cuerpos viejos.

Descúbreme la verdad que soporto entre mis dientes,

como azufre que incendia mis encías

y toda palabra que sale por mi boca, estalla como la pólvora seca.

Sofócame el incendio de esta boca,

sólo con tu boca.