CARLOS ALBERTO BADARACCO

LUJURIA: PECADO CAPITAL

 

Antes de leer mi presentación, que forma parte de una seguidilla de “pecados capitales”, pido disculpas por este atrevimiento, pero es imprescindible que queden evidencias del significado que tienen esos vicios incorporados de alguna manera en nuestra interioridad.

 


 

 

 

 

 

LUJURIA

Deja que desgrane tu piel

el deseo mordaz que subleva mi tentación,

deja que sean mis sentimientos de lujuria y celo

los que alimentan mi sensación indomable,

 frenética pasión de deseo.

Déjame corromper tus simientes,

tus estructuras, tus interiores.

Quiero inmortalizar las percepciones

de un mundo de ambición

por el sexo libidinoso que se desgrana

desde lo profundo de mi ser,

que sepa ese mundo que me laten

las entrañas con la extraña conmoción

de morder tus carnes

y succionar con lasciva desesperación

tus cálidos muslos, tus pechos,

tus ardientes sacudidas, tus inocentes  genitales.

Soy un eterno seductor,  llevo impresa

en mi frente  mis locuras más ardientes

y en estas manos hechiceras llevo

un mapa para guiarme a tus honduras,

lacerando con mi boca todos tus impulsos,

paso a paso, en sublime frenesí.

Yo quiero entrar en ti, venerar tus pasiones,

la santa unción de la demencia

y saciar mi fogosidad, con ardiente

corrupción y con sublime inquietud.

La Luna marca mi camino, mi indescifrable

destino está impreso en su seño

de terrible hechicera, de majestuosa

corruptora, de sublime redentora

de la locura mordaz que alienta mi

espíritu y mis tormentos pervertidos

Afrodita, Anuket, Eros, Venus,

están en mí, son parte de mí,

para alimentar mi arrebato 

y perpetuar mi perversión,

¡Qué sus magias seductoras

me envilezcan aún más!

 

CARLOS A. BADARACCO

25/01/11

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