william soto

Afelio

Rindiéndonos plácidamente ante las siluetas
que destapa la noche en la costanera misionera,
nuestros pies se multiplicaban en la arena.
Nos enredábamos los brazos, nos prestábamos los ojos y juntos girábamos
y con nosotros giraba el cielo y los planetas, el universo y sus galaxias
hasta que todo se frenaba violentamente
con la explosión de un par de labios que sedientos se ahogaban
y sedientos volvían a girar.