Carlos Fernando

Quizá solo me lleve mis recuerdos

Bienes y males,

desdichas y placeres.

 

Con esas flores

adorné mi huerto.

Algunas de matices seductores,

y otras con el color

magenta del dolor,

de la nostalgia el cerúleo tono

y otras con el fúnebre violeta,

color del luto y la tristeza.

 

Regué mi huerto con lágrimas

y entre risas lo contemplé

llenarse de matices.

 

En las tardes nubladas,

lo contemplé asomado a la ventana.

Y cuando el sol brilló,

lo miré brillar de igual manera intenso.

 

Paseando por sus veredas limpias

canturree las suaves melodías

que inspiraron mis mudables

estados de talante.

 

Si a veces pisé sobre adoquín,

en otras sobre el fango

del temor o de la culpa.

Las más de las veces sobre asfalto

donde no se dejan huellas.

 

Al aire suave del estío

suspiré de amor,

y en el otoño me resguardé

del gélido viento que deshoja

de sus árboles la fronda.

Y que en el cuerpo

me hicieron ser consciente de los años.

 

Pero siempre se llenaron mis pulmones

de vida, aunque a veces absorto,

sorprendido por la belleza

de la Creación que en arreboles

y en crepúsculos se resumen

mis posesiones

más preciosas y gratuitas.

Me hacían volver a respirar

con un hondo suspiro.

 

Los recuerdos se me volvieron

imágenes visibles solo a mí.

Mecenas a mis nostalgias entrañables.

Como aquellas viejas fotografías de paisajes

y de los seres que amé en la vida,

improntas instantáneas, fijas.

 

Ah, cuánto endeché aquello que se ha ido.

Y siendo estas últimas

el compendio de mi vida entera,

seguramente serán mis recuerdos

lo que me lleve a lo que llamamos

eternidad que quizá sea al final,

otra estación intermedia de mi viaje.

 

Carlos Fernando ®