Darío Ernesto

Vida maravillosa

 

 

 

Estrépitas  voces,

Entristeciendo conciencias

Sonidos que profieren

Las almas ambulantes,

Sangre  activa que vibra

¡Oh belleza de vida!

Fulgor  y destellos

Tiritan en sensaciones, surcando

Trillando, sembrando.

Voluntad de los pueblos

En cada amanecer y auroras.

Es mi paisaje diario

En mi suspiro infinito.

Avizoro la sima y pendiente

Colina de descenso

Descanso del pensar errático

Añorando sueño profundo,

Tiempo de mi otoño

De abrir el nido de la madre tierra

De la cual provengo.

Volver a ser polvo, arena, rocío.

Encarnarme en sombra, en pensamiento,

Incrustarme en las vetas del tiempo,

Siendo silencio, ser solo recuerdos.

Nace, crece el hombre

Luchando en el instinto siguiendo el camino legado

Un horizonte de augurios

Un corazón de anhelos

Dejando hijos, poemas y árboles

Esparcidos a su triunfante paso.