Lily62

Soliloquio de una tarde de verano

Cuando la esperanza y el amor son parte de mi linda canción, fluyen en mi mente positivas aspiraciones de saberme luz y acción,

en mi camino de fresca brisa y sol candente, inspiradas pasiones se tejen y caen a una hoja hechizada, encantada;

Tarde de verano, mi soliloquio recorre el pasado,

 trae a la razón el uno y trino de nuestro amor,

ya no divago sola por la senda de la virtud, vas de mi mano, candor   ufano en el común andado,

tú y yo, suspiro y creación.
La triada hecha carne, sublime arte de amor de padres,

nos permite disfrutar de ángeles terrestres,

Luz de inspiración; la Mayor, Nanita, la menor Sophia, y entre reina y princesa mi Begoña querida.
Claros de estelas encantadas que llenan mi vida y gozan mi calma, cual romero encarnizada, ojos abiertos, oído atento y paso ligero; tres sentidos aferrados a mi karma.
Cómo puede tener tal fortuna una simple mortal?, pues, así de la nada, como pieza de teatro creada, viene a ti la dulce melodía encantada de la familia proyectada.

Bendiciones prodigadas por un ser incandescente que energía fluyente, cae en ti y para ti, cual lozanía ensimismada.
¿Qué has hecho de ellas?, tres almas  te encomendó el destino, para guiar sus pasos y que sigan su camino; si debo rendir cuenta de mis acciones al “Creador”, pues historias por doquier puedo hilar en el día de hoy,  para que reflejo o radiografía, sépanse encantadas porque así lo quiso la vida: las tres de una, huyen de toda forma y de todo lenguaje que no vaya acorde a lo que exige el linaje de una tierra bien sembrada; Las tres, adoran la vida, agradecen sus días porque así lo expresan de manera sentida, La una hizo carne de una neurona espejo, dejando para sí acciones de reflejo que la hacen ser parte de este engranaje completo; la otra se sabe reina en esta historia repleta de cosas bellas, y después de la una y de la otra, hay quien sabiéndose princesa goza su lugar en esta triada cierta.
A veces, como en todo cuento de Hadas, hay jornadas espesas, donde el polvo enmohecido de la tierra ya cansada, penetra en sus sentidos, con atisbos de enfadadas, sus rostros enseñan extenuadas, más sus almas aún alegres, dan brillo a sus miradas, y se viene enseguida la terrícola accionada, fluyen de sus labios la pesimista hiel que amarga sus gargantas, echadas fuera con ganas, muchas ganas, cual sátira embrujada, flechas puntudas y tono de italianas, vuelven a ser pureza amalgamada; al fin son lo que son, tres muchachas encantadas, comprometidas y enamoradas, aman la vida, aman el todo y aman la nada.
Así, mi soliloquio llega a su fin, silepsis terminadas, describieron mi triada de semillas fecundadas en instantes de supremacía incierta de dos almas que unieron sus testas para crear con amor, con pasión y belleza.