juan maria

GATO NEGRO(cuento muy breve)

La violencia de mis actos esta en relación directamente proporcional a los períodos de mi dipsomanía de excesivo consumo.

Pero la mujer que caminaba conmigo hacia su casa no lo sabía y desconocía mi terrible fobia a los gatos negros, que  transformaba horriblemente mi personalidad llegado el caso.

Por el momento estaba pasando por una época de abstinencia prolongada en mi relación con el alcohol.

Pero cuando llegamos al lugar donde ella vivia, supe, que lamentablemente la mujer tenía una mascota que se llamaba Bobo y era un gato negro que constantemente estaba sobre su falda, según me entere al rato, y que me miraba, tal cual me pareció, con repulsión, cuando ella lo acariciaba con ternura y le hablaba.

En el momento odié profundamente al animal que seguramente traía la maldición de los aquelarres de las brujas y que actuaría con las mas siniestras actitudes felinas.

Pero de todas maneras me quedé con mi flamante novia, que en pocas horas ya era una compinche muy agradable.

El espantoso gato, llegada la hora del amor con la apetecible dama, me contemplaba desde los pies de la cama con su horrible mirada fija.


Soy un dipsómano con experiencia, que sabe que tarde o temprano llega el período compulsivo de excesivo consumo; y eso era precisamente lo que estaba empezando a ocurrir en esos momentos con el consiguiente incremento de la morbosidad de mis fantasias.

El bueno del cadetero hizo lo suyo alcanzándome una botella del bar de la esquina, y la obsequiosa señora hizo lo propio ofreciéndome una copa, que trajo de su cristalero.

Por mi parte supongo que hice lo que me tocaba, porque al rato estaba borracho como una cuba, totalmente aplastado y aturdido por efecto del vodka.

De mi mente enferma surgían, vaya saber de que oscuros pliegues de la exacerbación de mi pensamiento tortuoso...horribles maullidos y aullidos de gatos, que a cada momento se tornaban mas mortificantes y mas reales.

Entretanto que el maléfico gato Bobo, de la mujer, ponia mis nervios muy tensos con su actitud de esfinge y con sus insoportables ojos que no se apartaban de mi.

Esos nervios se estiraban como tientos de goma cuando su silueta escurridiza se deslizaba lustrosa y silenciosa por la pieza,

mientras yo aumentaba con profundo desprecio hacia la horrenda criatura negra mi repugnancia por sus enormes y abominables ojos amarillos.

Cuando ella regresó por otra vez de la cocina, supo enseguida que mis manos habían degollado a su gato negro.

La mas violenta elurofobia(FOBIA A LOS GATOS NEGROS),junto con mi dipsomanía, habian desatado mi furia asesina para separar, con placer, los ojos y las orejas del animal, del tronco de su cuerpo.

La mujer estaba erguida, paralizada de terror y me contemplaba con sus ojos desmesuradamente abiertos...mientras que corria con abundancía por sus piernas vacilantes, el liquido derramado por su vejiga en plena liberación.

Y yo totalmente embriagado, desnudo, descalzo sobre el vómito del piso, y alienado, estaba enhiesto como un gladiador triunfante, y mientras con una mano sostenia la cabeza del gato,  con la otra agarraba su cuerpo por el cuero del espinazo.

Ella observaba desecha y estupefacta, como la sangre bañaba con tibieza la piel de mis dedos...

...mientras una carcajada sonaba salvajemente...

Y jamas estuve tan lucido.

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