jairodelacroix

¡Amigas nubes!

Ustedes, mis amigas entrañables, que presurosas galopan por los cielos sin ataduras, inevitables golosas, blancas como espuma de mar, me evocan todas las cosas.


Nubes graciosas de bellas figuras que hacen reír por tanto ir y venir, de norte a sur y del este al oeste como abejas en abril en las claras tardes después del colegio en que yo empecé a soñar con sus viajes y sus presentes.


Raudas y divertidas, jugando al escondite con el sol, perseguidas por capricho mío, hasta los confines del horizonte, sonoras rebotando entre sí en los días otoñales.


 Nubes de algodón y pimienta, de todas las horas, de infancia y adolescencia, de cielos dorados y vientos atemperados, de mares calmos y ventiscas nevadas, de albas lejanas y atardeceres futuros...


Pareciera que derramasen lágrimas cuando la lluvia desciende en diminutos besos a la tierra; fortuna igual no se puede imaginar, no dejo de añorar aquellos brotes de cristal para evocar inocentes anhelos.

 

¡Mis amigas, ustedes evocan mis sueños más puros!  




Jairo De la Cruz