Gustavo Martinez Deschamps

YO TE QUIERO…


Libre tal cual te conocí, en ambas caras de la piedad,

avaro por las joyas de tu castidad, aun del modo más veril.

 

Señora, yo la quiero… Aun conteciosa casi siempre, en lo utópico y terrestre, afanosa desde el vientre y ante todo congruente. En su manto de hierro y su palma como muros para blasfemos antojos en que se nutren los buitres confabulando destierros, de mí  y de un profundo nosotros, en tu infinito carisma, en las miradas a duelo, en tu pupila de prisma. En los aromas absueltos de sus cárceles; allá sus miles fosas donde resucitas fornidos y alados deseos de guerra. Amor… yo te quiero como quien besa la tierra.

 

Tú, hueso duro de roer, hielo seco en manos inertes

clavícula difícil de morder y fuego que cercena la mente,

tu… que despojaste mi traje de escoria,

Quebrantándome las fútiles euforias,

de un placer chamarilero y el mundo en un mechero

 

Te quiero, en tu más aniñada insinuación, en ovación, en los antojos, yo te quiero donde abandono al cansancio cuando chamaran tus ojos, donde los besos se muerden y la oscuridad gime intermitente por un dolor que bien te place. Te quiero tanto, que conduzco a tu felicidad perpetua y propia, que no creo en el apego dependiente, que negamos a la muerte en los orgasmos, que reúso a débil verte, que no puedo ser sutil, deseoso de tenerte a mi diestra y mi siniestra, que desvivo cada día sin armar un plan de vida nuestra, que me aferro al infinito y me niego a lo jamás, que te prestaría mis alas pegadas en cera aunque a verte lejos fuera, que si quiera te perdieras en un sueño tan voraz; pero más feliz yo fuera si en las nubes tu creyeras, si verte volar pudiera y de plenitudes seas rapaz.