Eugenio Sánchez

LLUVIA EN LOS ANDES

Una canción  nacida de una  la orquesta

de barretas, picos y lampillas;

el trinar de jilgueros que en gran fiesta

alegran el paisaje y dan vida.

 

Mas cuando el cielo anuncia una tormenta

oscuras  nubes luchan con le viento

y como resultado de esta batalla cruenta

la centella ilumina el firmamento

 

Es castigo divino y bendición  a la vez  

los  estruendos, presagio que del cielo

caerá agua fresca  para  aplacar la sed

de la reseca pampa, del sediento labriego. 

 

S e detiene la yunta en medio surco

presurosos acuden a la cueva,

el arca solitaria y buen refugio

estancia natural fiel compañera.

 

Mientras el cielo escupe agua a chorros

sonríen orgullosos los labriegos,

chacchan felices  su delicioso bolo,

sacuden sus hojotas, y sombreros.

 

Desciende el aguacero cual saetas,

que al caer se convierte en aguas bravas   

arrasando las tiernas sementeras

y turbulentas veo las    quebradas.

 

La iracunda borrasca ya depreda,

bajo la oscuridad de la neblina.

Se desangra la piel, la madre tierra,

y llora el eucalipto en la colina.

 

Jorobado el borrico junto al cerco

de piedras alfombrado por ortigas;

tiritando el caballo indefenso

zarandea el hocico y relincha.

 

Calma la tempestad  es claro el cielo,

cual guerreros vuelven a la contienda,

cúbrense el lomo con desteñidos ponchos viejos

y sombreros mohosos la cabeza.

 

Y cuando el sol se esconde tras la esfera

satisfechos regresan los labriegos,

una vetusta choza los espera,

el calor del fogón les dará abrigo .

 

Una redonda piedra es su mesa,

chuño, mashuas y cancha su alimento,

el frío atardecer es su tristeza

y el amor de su chola  su contento.

 

Se repite incansable cada día

allá  en los fríos andes la  función

donde la quena llora su melodía

donde el silencio reza su oración

 

 

Entre el fango y el frío sobrevive

saboreando sus derrotas y sus glorias,

y en la agreste montaña éllos  escriben

con gotas de sudor la gran historia.