nelida anderson parini

UN ATRACÓN MEMORABLE.

Corre y corre doña Rata

con paso ágil y ligero

corriendo entra a su agujero

huyendo de muerte ingrata;

por dárselas de insensata

y comer más de lo justo

pasó tremendo disgusto

después de la comilona,

mismo que a rata glotona

por poco mata del susto.

 

Asomó aquella mañana

su nariz por la cocina

cuando una idea ladina

repicó como campana;

con la urgencia que la afana

devorando su prudencia

la rata con impaciencia

echa a correr rumbo al centro,

una vez estando adentro

verá qué cosas se agencia.

 

Ya debajo de la mesa

mira un trozo de rosquilla

oculta tras una silla

enseguida lo procesa;

otra agradable sorpresa

observa al otro costado

un cuarto de pan tostado

untado con mermelada,

con avidez esmerada

va corriendo al otro lado.

 

Un olor bien conocido

ha llamado su atención

busca hallar la dirección

de aroma tan distinguido;

es platillo preferido

de la ratita golosa

y por eso presurosa

tomada en ánimo obseso,

rápido va en pos del queso

con la mirada vidriosa.

 

Llegó corriendo a la orilla

regándosele la baba

ya ni respirar lograba

cuando al fin subió a la hornilla;

en comal sobre tortilla

queso frito bien dorado

tragado fue en un bocado

con voracidad patente,

en la cocina aún caliente

su larga cola ha estirado.

 

Para acabar el banquete

piensa en algo azucarado

quizás un buen postre helado

o  algún sorbo de sorbete;

cualquier cosa que el bufete

ponga a su disposición

para zanjar su afición

busca atenta golosina,

hurgando por la cocina

alguna dulce ración.

 

Al lado del fregadero

observa un frasco brillante

y en ese mismito instante

echa a corre con esmero;

al sitio llega ligero

y grande es su decepción

al ver  en esta ocasión

el recipiente vacío,

más insiste en desafío

con apremiante pasión.

 

Tomada por ansia loca

acelerando su paso

 no admite duda o retraso

su premura se desboca;

en carrera que sofoca

resecando su garganta

de ansiosa sed se atraganta

nublándole la visión,

tan seria es su condición

que su voluntad quebranta.

 

Cae al suelo derrotada

sin dar crédito a su suerte

la ingrata señora muerte

se dibuja en su mirada;

indefensa y abrumada

sus intenciones advierte

pero astuta las convierte

en ingeniosa salida,

para proteger su vida

ahora finge su muerte.

 

Con la rata ahí tendida

va la muerte a su carroza

mientras la rata retoza

en ágil y ligera  huida;

corriendo hasta su guarida

con paso veloz y artero

al fin llega al agujero

ahogándose del susto,

caro le ha salido el gusto

de su atracón mañanero.