Pedro Verlaine

Plegarias a la agonía

I

Mi alumno tiene

los ojos en la boca para ver

lo que hay dentro

Y no ve nada

porque nada hay dentro para ver.

 

II

Pero si hubiera algo…

¿Qué pasaría si hubiera algo?

por ejemplo una bicicleta

o un cadáver

de algún personaje ilustre

digamos, Lautrèamon

¿Pasaría algo?

No pasaría nada.

 

III

Pero la lejanía

no es menos misteriosa

que el silencio

ni es el silencio

menos tortuoso

que el rumor.

 

IV

Yo espero otra cosa

de ti, claro

que eres

padre y madre

y amante

y sabes

esperar

no tan lejos

de la meta:

La meta

no es nada

virtuosa

para los pies

sin algo de sangre

para el camino.

 

V

Por esta razón

dijo Tiresias

-y esto no lo pensó al decir-

Dejarse crecer las uñas

y arrebatarle al niño el vello

que no ha salido:

sombra intrusa en su sombra,

ese niño no te pertenece

¿de dónde lo has sacado?

 

VI

Huésped ajeno en casa propia,

aún le temes a la pregunta de los pájaros:

Rodear los brazos por detrás de las piernas

para inquirir la posición suicida.

Pero ¿qué es el suicidio sino una muerte ajena?

lejana de las muertes y los muertos

que incendiaron sus manos

a fin de acrisolar las huellas.

Tú, en cambio, te vestiste con sangre

y terminaste bebiéndote porque tenías sed,

heredero de todo jardín perdido

¿Por qué habrían los pájaros de sacarte los ojos

dejándote la herida abierta hasta el desangre?

Ningún suicidio hará

más amplias las puertas de la muerte.

 

VII

Ahora

el estrellato del niño

que sujeta

su niñez

con las antiguas

manos

de muñeco.

Ahora

todo, dice,

y basta el tiempo para

rascarse la cabeza

y ver de cerca

el fuego

premiado por la lluvia,

las frías hojarascas

cantando

en los pulmones

de los tejados

después

de un episodio

abrumador.

Pero

más adelante

no sé más adelante

si ron plagiado

o cocaína hirviendo:

Las sombras de la noche

son demasiado

claras para el día.    

 

VIII

Sin embargo el ascenso

es en caída siempre.

El crimen

desgarrado

de otra forma

para el baile

de la fisura en la pared:

esa fisura tiene

adherido mi nombre

en la pared.

 

IX

Pero mi augurio es otro

Y dejé -como Alicia-

mi anhelo entre las nubes.

Ya no más el jardín

ni las flores

que vieron morir la primavera:

llorar será otro día

morir será otro día,

se acabaron las piedras

y los violadores de tumbas.

Ningún silencio

bajo ningún roce

para ningún delirio.

Todo vuelve a lo efímero

desde la eternidad.

 

X

Estoy solo.

No tengo a nadie aquí.

Las cosas que tenía por hacer

las he hecho ya.

La casa está vacía,

el equipaje espera

y yo

sinceramente

no deseo volver jamás.