Luis Lenes

Leteo

Desconcertante aureola,

como túnica de seda,

textura la brisa ondeando,

si tal real y verdadera.

 

Agitando las hojas de los árboles,

cosquilleando a las flores el viento,

contándoles al oído algún momento,

con el viento a risotadas las tales.

 

Pareciera locura,

escuchar sonidos mudos hablar,

de la extraña natura,

pidiendo ella entablar,

con la razón no, sino el contemplar.

 

Acallados los sonidos urbanos,

del hormigón su alma empieza a salir,

cemento, hierro, pavimento ufano,

la ambrosía mundana y  su elixir,

sale el eclesiástico eco,

en la noche a redimir.

 

Mientras tanto el espíritu olvidado,

errante  y desnudo cada jornada,

huérfano de dolientes ha quedado,

desde antes, la forma material pasada,

implorando al clérigo eco a su lado,

redención de la displicente nada,

desasirse del abismo del río,

el Leteo, el del olvido, el impío,.

 

En el cosmos del olvido,

la consciencia se levanta,

sobre las brasas: su pesadumbre,

y el espíritu que clama.

 

 

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