han-jael

Erick

Te miro y parece que me miras.

Que galán te ves con tu birrete y tu toga,

un monumento a Benito Juárez se ve detrás.

Ya eras todo un abogado.

 

Recuerdo que en los pasillos de la Alma Matter,

te veía fumándote un cigarro,

siempre odie eso de ti,

tu me veías igual pero nunca lo note,

recuerdo el día aquel en que tomamos café,

el día en que fuimos al cine,

dices que te besé,

eso, yo lo olvidé,

por conveniencia quizá

o para engañar al dolor.

Te vi desde el primer año,

era tu novia una delgada morena,

siempre fuiste tan lejano,

a causa de mis complejos a lo mejor,

en el segundo año te declaré mi amor

dijiste que era linda

pero no quería lastimar mi corazón,

tu le dejaste las cosas al destino

y yo lo interprete como lejanía

asumí que nunca serias mío

en el cuarto año, de repente un día

te ofreciste a llevarme en tu auto,

nada raro sospeché,

paramos en un parque

y me pediste que fuera tu novia,

mi cara cambio de color como mil veces

a pesar de mi esfuerzo por disimular,

yo, según, que me di mi lugar

al tercer día te dije que si,

y no basto ni media semana

para retractarte de tu proposición,

en mi mente yo,

ya estaba frente al altar

con mi vestido blanco

poniéndonos las arras

y todo eso se quebró.

En el quinto año seguías ahí en tu polo,

siempre lejano,

yo trate de hacer mi vida.

Vino la graduación,

y luego ejercer la profesión,

tú en tu trabajo y yo en el mío,

frente a la computadora viendo tu fotografía