Elsy Alpire Vaca

CARTA A MIS HIJOS

CARTA A MIS HIJOS

                                                           Por Elsy Alpire Vaca

 

Lentamente se aproxima la meta de una ruta que no tiene regreso, y nada os dejo más todo lo que tengo se los doy, porque nada es grande si no es bueno y todo es real cuando perdura.

 

Del cielo he recibido tres estrellas que iluminaron mi destino para orientar mis pasos por la vida; esas estrellas son las sonrisas vuestras en su tiempo cada una, que motivaron mis trajines para despojarme del orgullo nato de mi juventud, enseñándome a ejercer los principios y poderes de mis padres recibidos, y a reemplazar la vanidad con valores y destrezas que crecieron invisibles nutriendo mis retoños.

 

He visto caer en el tiempo de experiencias, hojas secas de esperanzas destrozadas, pero no por ello mi alma se debilitó, sino que aprendí que cuando los dolores no nos matan, no ayudan a crecer porque nos fortalecen más.

 

Queridos Hijos;

Cuando se rompen los sueños dejan la auto-.confianza para podernos sostener, así encontré lo que el tiempo me enseñó, por eso quiero darles algunos consejos que mucho ayudarán:

 

No se dejen engañar por la infantil idea de que solos pueden autoabastecerse, porque eso no es verdad, o que conocen el camino por sí mismos porque tampoco es cierto. Vean lo que pueden ver ahorrándose los esfuerzos vanos, no se aflijan nunca y tengan conciencia de sí mismos.

 

Considérense demasiado buenos para obrar mal, no entreguen sus corazones a cosas perecederas, porque la verdad queridos hijos, no es gobernada por nosotros, sino que debemos siempre ajustarnos a ella en toda circunstancia.

 

No desconfíen de nadie tanto como de ustedes mismos, porque dentro de cada cual vive el juez que nos enseña, y cuya voz para nosotros, es más importante que el aplauso de todo el mundo. Háganse el propósito de no actuar contra su voz y si algo piensan o intentar hacer, póngalo primero en la mente y el corazón, y pídanle consejo a vuestro juez interno, al principio les hablará suavemente, casi como una criatura, sin embargo, si honran su inocencia les dirá con claridad el mandato de vuestra conciencia, entonces percibirán la luz y el modo de cómo proceder.

 

Aprendan con gusto de todos los demás y escuchen con atención donde hable la sabiduría, porque esa actitud es libertad, luz y virtud, pero no confíen inmediatamente en todo, porque no todas las nubes llevan agua ni tampoco todo lo que brilla es oro, y existen diversos caminos para seguir.

 

Hay quienes creen que domina bien una materia porque hablan bien de ella; palabras sólo son palabras y tengan cuidado cuando fluyan demasiado fácil y ligera, pues todo aquel que mucho habla, mucho yerra y el que tiene mayor peso camina más lento.

 

Nadie puede dar lo que no tiene y no es libre aquel que quiere hacer, sino que solo es libre aquel que puede hacer lo que debe hacer, y no es sabio el que cree que es sabio, sino el que se percata de su ignorancia y logra sobreponerse a la vanidad.

 

Obedezcan a la Autoridad y dejen que otros la discutan porque mientras ustedes no lleguen a ese sitial, desconocen su verdad. No adulen a persona alguna ni tampoco se dejen adular. Honren a cada quien según su rango y dejen que se avergüence si no se lo merece.

 

Sean afables como si todos fueran sus acreedores, tampoco sean demasiado generosos pero procuren ser siempre justos. No lastimen a doncella alguna y recuerden que su madre, también lo fue.

 

Sepan siempre lo que dicen y nunca digan lo que no saben con propiedad. Todo ser humano que tiene una conciencia es como el sol que brilla y calienta aunque nunca puede hablar.

 

Nunca se quejen ante nadie porque al obrar con justicia son ustedes sus propios jueces y si tienen necesidad de quejarse, háganlo ante vuestra sola conciencia.

 

Y no olviden que lo mejor que pueden dar al enemigo es el perdón, a un oponente, tolerancia; a un amigo, oídos; a vuestros hijos, buen ejemplo y al prójimo, siempre caridad.

 

Los muertos no saben de honores ni de honras, por eso, cuando yo cierre los ojos para siempre, recuérdenme sin lágrimas pero con amor.

 

Parte del Libro: ANTOLOGIA POETICA NORTE AMAZONICA BOLIVIANA. Página 33/36. Año 2006. Centenario de la Ciudad. Cobija. Pando. Editorial A & G Impresiones.