Lo sensual es aquello relativo o perteneciente a los sentidos, a las sensaciones. Un placer sensual es, en su esencia, el disfrute de las cosas que incitan o satisfacen los sentidos. Sin embargo, es difícil de imaginar que alguien confiese, por ejemplo, que disfrutó en forma sensual al comer una pizza, más allá de lo deliciosa que podía estar.

Poemas sensualesPor eso, reduciendo el margen de acción, vamos a tomar el significado más usual para relacionar lo sensual con aquello referente al deseo sexual. Y a diferencia de lo que muchos suponen, la lectura puede ser una puerta a la sensualidad.

Hasta los sexólogos coinciden en afirmar que el principal órgano sexual es el cerebro. En él nace todo lo relacionado al erotismo y al deseo. A la hora de la sensualidad, el cerebro es más importante que cualquier otra parte del cuerpo.

La literatura, por supuesto, ha sabido jugar con la sensualidad. Como el famoso Capítulo 7 de “Rayuela”, la obra cumbre de Julio Cortázar, donde el argentino escribió aquello de “toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar (…)”.

Los poemas sensuales pueden formar parte de la intimidad de una pareja y ser la invitación a un acercamiento donde los placeres de los sentidos aparezcan en su esplendor.

Desde mis ajimeces
vigilo tus linderos:
revuelas como un ángel
sobre tus mismos pechos.

Tu humedad se disputan
la juncia y el espliego.
¡Ay, frescura de aljibe
y calor de sesteo!
(fragmento de “Cada mañana”, de Rafael Guillén)

Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
(fragmento de “Agua sexual”, de Pablo Neruda)

Es la fiesta de la piel
la caricia mientras dura
y cuando se aleja deja
sin amparo a la lujuria
(fragmento de “Informe sobre caricias”, de Mario Benedetti)