Será porque sin agua, no hay vida. O porque el cuerpo humano está compuesto por entre un 65 y un 70 por ciento de agua. Lo cierto es que la inmensidad del océano siempre ha resultado una fuente de inspiración a la hora de escribir.

Poemas del marEl mar ha inspirado libros enteros. Uno de los ejemplos más conocidos es “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway. Sin dudas, el norteamericano fue un escritor que siempre vivió atraído por la costa.

En el mundo de la poesía, podemos citar a “Marinero en tierra”, del español Rafael Alberti. Se tratan de poemas que se encuentran, en su totalidad, dedicados al mar y a los marineros.

El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

(…)

Branquias quisiera tener,
porque me quiero casar.
Mi novia vive en el mar
y nunca la puedo ver.

Otro español, el poeta Federico García Lorca, también ha dedicado varios versos al mar:

El mar es
el Lucifer del azul.
El cielo caído
por querer ser la luz.
¡Pobre mar condenado
a eterno movimiento,
habiendo antes estado
quieto en el firmamento!

El cubano José Martí, en cambio, confesó su odio al mar:

Odio el mar, muerto enorme, triste muerto,
de torpes y glotonas criaturas
odiosas habitado: se parecen
a los ojos del pez que de harto expira
los del gañán de amor que en brazos tiembla
de la horrible mujer libidinosa

Mario Benedetti, por su parte, soñó con comunicarse a través de las aguas en “Botella al mar”:

Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

Tal vez la poetisa más vinculada al mar fue la argentina Alfonsina Storni. Antes de suicidarse arrojándose al agua (o internándose lentamente, como dice la leyenda), escribió poemas como “Frente al mar”:

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
“Piedad, piedad para el que más ofenda”.