Figuras tan emblemáticas de la literatura universal como Juan Rulfo, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Laura Esquivel o Gabriel García Márquez son algunos de los escritores que vienen a erigirse como los mayores representantes del realismo mágico, género significativo de mediados del siglo XX.

Una lista de grandes plumas aquella en la que se debe incluir otro nombre de vital importancia: Miguel Ángel Asturias. En Guatemala fue donde nació este autor que ha pasado a la historia tanto por sus obras como por dos grandes galardones que recibió: el Premio Lenin dela Paz y el Premio Nobel de Literatura.

Su obra maestra, según muchos, y la máxima expresión del citado realismo es Hombres de maíz. En el año 1949 fue cuando vio la luz este libro en el que se denuncia de manera directa cómo el capitalismo o la globalización han hecho daño a las tradiciones más ancestrales y a las costumbres más arraigadas de su país, arrasándolas en algunos casos.

Símbolos, instantes oníricos o efectos musicales dan cuerpo y sentido a este trabajo que, a día de hoy, sigue siendo tomado como un referente dentro de la literatura universal.

No ocurrió lo mismo, sin embargo, con otra de las mejores obras de Asturias: Mulata de tal, publicada en 1963. Y es que la tela de araña a nivel político que, en aquel momento, existía en Guatemala y en toda Sudamérica silenció estas páginas. En ellas se habla de parte de las raíces de esta zona del globo terráqueo como la mitología maya, a la vez que se abordan nuevamente conceptos como el colonialismo o el postcolonialismo.

Una línea que también sería continuada por otro libro que llevaba por título Tres de cuatro de soles.

En defensa literaria de su tierra

Para Miguel Ángel Asturias está claro que sus raíces y la esencia limpia y pura era un valor que defendía “a capa y espada” ante la corrupción de los dirigentes políticos o ante el avasallamiento de las grandes potencias extranjeras.

Una lucha y unas reivindicaciones que continuó desarrollando en otros trabajos como en la Trilogía de la República de la Banana. En ella, sin tapujos, ataca a esas compañías americanas que se aprovechan de su superioridad económica para hacerse con las riquezas del parte del país guatemalteco.

Viento fuerte de 1950, El Papa Verde de 1954 o Los ojos de los enterrados de 1960 son los tres libros que dan vida a esta citada saga, que goza de gran prestigio dentro del sector literario.

A día de hoy algunos sectores critican de este escritor que, durante la época política más sangrienta de su país, asumiera el cargo de Embajador en París. Sin embargo, otros reivindican ahora que se haga un estudio completo y pormenorizado de su vida y de su obra para entender determinadas actuaciones, actitudes o trabajos.

Sea como fuere, Miguel Ángel Asturias es una pieza clave para entender el realismo mágico, una forma de comprender y desarrollar la literatura que lo hace diferente y especial.