Los refranes no pueden ubicarse dentro de un género literario pues pertenecen a una forma de expresividad añeja que no ha sabido re-nombrarse a sí misma con el paso del tiempo.

Por otro lado, poseen características que les separan de la literatura, ubicándolos dentro del Folclore. En este artículo intentaré hablar claramente sobre estas cuestiones.

Literatura y folclore

Una de las divisiones que debemos analizar para comenzar es la que separa los productos literarios de los folclóricos, los cuales muchas veces se entremezclan y confunden.

Es necesario explicar en primer lugar, que el hecho de que existan refranes dentro de mensajes poéticos no indica que todos los refranes puedan ser considerados poesía, sino y en todo caso, que a veces se utilizan como un recurso que suma expresividad a lo que el autor desea expresar.

Según conocidos teóricos de la lírica, los primeros refranes surgieron en las comunidades primitivas y lo hicieron como un código social; sin embargo, el sentido poético del pueblo los fue enjoyando con cientos de adornos hasta transformarlos al punto de convertirlos en beldades dignas de codearse con los partos de las musas.

Se trató de una mutación progresiva que dio por resultado las siguientes formas de expresividad: el refrán, la copla, el zéjel, el villancico y la seguidilla.

Los refranes y discurso común

Alfonso reyes escribía en el capítulo sobre “proverbios y sentencias vulgares” en sus Obras Completas, publicadas en el año 1955:

Los refranes son manifestaciones folclóricas del mensaje literal, también llamado discurso repetido, incorporadas a la competencia de los hablantes que forman una misma comunidad idiomática. Su cualidad fundamental es que se transmiten a través de la oralidad.

Es importante aclarar que pese a que el motor para que un refrán exista es artístico, y dentro de un mensaje de este tipo existen cualidades propias de la poética, éste no puede incluirse dentro de la literatura, entre otras cosas porque son un saber popular, sin dueño y sin una razón de ser específica.

Necesidad de una obra literaria y una folklórica

Una obra estrictamente literaria exige la presencia de un receptor, un lector capaz de leer y comprender el mensaje que se postula en esas páginas; por su parte, un refrán necesita un posesor, alguien que lo haga suyo y lo transmite, porque pertenece a una tradición oral, si carece de ese posesor, el refrán se desvanece.

Esta diferencia entre ambos tipos de obras las pone muy lejos a la una de la otra y deja ver claramente que una tradición oral no puede ser considerada literaria por el mero hecho de que en el momento en el que deje de contar con un posesor dejará de ser, mientras que una obra literaria será eterna, permanecerá a lo largo del tiempo, trascenderá a su autor y a su tiempo.

De todas formas, esta forma de diferenciar una obra literaria de una folclórica no es del todo correcta, porque existen cientos de refranes, cantares y coplas, que han sido escritos y publicados por lo que puede estimarse que se eternizarán cual una obra literaria.

Según Jakobson, quien estudió a fondo la esencia de los refranes y su presencia en la literatura, una de las características que resalta en ellos es el ser estrictamente mnemotécnicos en el ritmo y poseer una rima paremiológica; sin embargo, estas características que en un mensaje literario lo harían ser denominado como verso, en las acuñaciones populares, debía recibir el denominador de esquema rítmico. Él mismo escribe:

Puede ser de mucha utilidad para entender la diferencia entre literatura y folclore leer a Jousse; quien dice que una de las cuestiones que pueden analizarse para establecer diferencias claras es en que el folclore emplea temas y artificios estilísticos convencionales y no hace el menor esfuerzo en disimular su calidad de convencional; mientras que un artista literario evita las convencionalidades y clichés, y si los utiliza lo hace introduciendo una forma nueva al contenido del mismo.

Breve conclusión

Llegado este punto, podríamos clarificar un poco las cosas objetando que los refranes en sí mismos no pueden ser considerados un género literario, ni siquiera creer que forman parte de la literatura de hoy en día.

Los refranes en un tiempo remoto alimentaron la poesía, la ayudaron a enriquecerse con nuevas formas, pero ella siguió transmutándose, mientras que estos permanecieron inhertes; la poesía cobró nuevas formas y los refranes continuaron en esa línea predecible y antañosa.

La literatura se halla en constante crecimiento, tomando lo nuevo que existe en el mundo para dar vida a mensajes auténticos y llenos de variedad; los refranes frenaron su crecimiento, ya no se utilizan en el habla cotidiana y de ellos sólo han quedado esos fantásticos refraneros a los que podemos acudir cuando nos sacude la nostalgia.

Podría compararse a la poesía con un idioma actual, y a los refranes con una lengua muerta (latín, griego), y decirse que la poesía se caracteriza por hallarse viva, mientras que los refranes pertenecen a una forma de expresión que se ha perdido casi completamente.