El colonialismo es una doctrina política a través de la cual un país intenta dominar a otro, generalmente por la fuerza. La colonización europea de América comenzó con la llegada de Cristóbal Colón al continente, que implicó la conquista de los territorios donde vivían los aborígenes y la explotación de éstos.

Inca Garcilaso de la VegaEspaña fue la potencia que logró una mayor presencia colonial en América. Su poderío le permitió derrotar a los dos imperios más grandes de la región: el Imperio Azteca y el Imperio Inca.

La literatura colonial, por lo tanto, es aquella que tuvo lugar en América mientras las potencias europeas mantenían el control político y administrativo. En sus relatos se combina la tradición literaria de Europa con la cultura americana autóctona, en un contexto de continuas luchas por el poder y sueños independentistas.

Los primeros años de la conquista española están marcados por los cronistas de Indias, tanto españoles como indios y mestizos. Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566, autor de “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”), Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1507-1559), Bernal Díaz del Castillo (1492-1584), Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) y Felipe Guamán Poma de Ayala (1536-1616) son algunos de los principales cronistas de la literatura colonial.

El renacimiento español y el fervor religioso también fueron claves en la literatura colonial hispoanoamericana. Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), nacida en lo que hoy es México, es un ejemplo de la unión entre las creencias religiosas y el talento literario.

Hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, los movimientos de emancipación comenzaron a ganar fuerza. Surgió entonces una corriente literaria en apoyo de estas ideas de libertad e independencia, con obras muy distintas a las escritas a comienzos de la conquista pero que, de todas formas, suelen englobarse dentro de la categoría de literatura colonial.