La realidad¿Cómo vive un poeta la realidad? La respuesta supongo que es obvia. Cada poeta vivirá la realidad de forma diferente, como persona única y distinta que es.

Cada poeta nos aporta una forma distinta de ver y de vivir la realidad. Por eso la poesía es tan rica y enriquecedora, porque cada poeta, cada nuevo libro de poesía que leemos, nos aporta una realidad diferente.

La época, la sociedad en que vivimos, nuestra ideología, nuestras creencias espirituales, nuestros sentimientos, y supongo que más factores, influyen en nuestra mente y desfiguran una realidad objetiva, que nunca llegamos a ver como tal. Somos personas, no máquinas, y ahí está la maravilla y también el horror.

Está claro lo que aporta el científico a la realidad: parámetros, avances, paradigmas, tecnología. Pero, ¿qué aporta un poeta? El misterio, la belleza, una manera única de estar en contacto con el mundo que nos rodea, en el que vivimos y del cual formamos parte.

La poesía es una manera de vivir, por eso en el fondo tod@s somos poetas, sólo que algun@s tienen el don de la palabra, de la expresión, de la originalidad, de la transparencia, de la complejidad, de la creación de belleza, no de lo bonito, sino de lo hermoso. Y puede haber hermosura en lo corrupto, en lo feo, en lo trágico, en lo que normalmente nos horroriza y nos hace estremecer.

La poesía nos enriquece: ¿Cómo? Nos aporta diferentes maneras de sentir, nos abre los ojos a realidades que no imaginamos, nos muestra el río, la piedra, la sangre de maneras tan diferentes que normalmente no captamos, devuelve el poder a las palabras. Algunas veces, de tanto usarlas, palabras como amor, corazón, alma, tiempo, memoria quedan desgastadas. La verdadera poesía no tiembla al usarlas, porque les devuelve la plenitud de su significado, y el lector@ capta esas realidades, ya tan usadas, tan tópicas en el buen sentido, y siente como esa expresión es totalmente válida.

La realidad, por supuesto, influye en el poeta como influye en todas las demás personas. La realidad nos influye y esta afirmación es tan obvia que no creo necesario desarrollarla.
Es un intercambio continuo entre el exterior – la realidad que nos circunda – y el interior – nuestros sentimientos, creencias, vida espiritual y material – y de ese intercambio – a veces – nace la poesía.