Seguramente uno de los personajes de la historieta argentina sin precedentes y a quien será difícil desentrañar de los apasionados de este género es Mafalda, la hija de Quino.

Pero esta niñita es mucho más que eso; es un personaje que ha cobrado vida y que incluso al desaparecer ha sido rodeada de mitos, uno de los más llamativos es el que existe en torno a su muerte.

En este artículo presento alguna de las conjeturas de los fanáticos, una cuestión que si bien parece alejarse de la literatura, demuestra que la imaginación es capaz de darnos motivos y herramientas para hacer que todos esos seres que creemos imaginarios, cobren vida propia.

México y los Mafalda-adictos

Se dice que en México cuando surge una conversación donde se menciona a los personajes de la tira de Mafalda siempre nace la discusión acerca de cómo murió, aunque todos saben que “Quino mató a Mafalda“.

Sobre la muerte de esta nenita existen muchas teorías. Algunos aseguran que fue atropellada por un camión de sopa o del ejército, otros prefieren apoyarse en la hipótesis de que se marchó para siempre de Buenos Aires… Y hay muchos que prefieren basarse en un cuadro en el que aparece Mafalda doblando la esquina y en el siguiente puede verse un zapatito volando, aunque el ilustrador de esta viñeta no fue Quino.

Cuando en el 2008 Quino visitó México se quedó maravillado por la gran afición que existía en torno a su niñita y sobre todo, le resultó llamativo este mito. Y, como era de esperarse, por mucho que se esforzó en aclarar cómo había sido el final de la serie, objetando que cada personaje se había despedido amablemente y todo se había desarrollado con normalidad, no consiguió convencerlos.  El humorista expresó:

Y agregó que muchos mexicanos le habían asegurado ver la tira dibujada por él mismo, lo cual le provocó un ataque de risa porque no sólo nunca dibujó semejante cosa, sino que ni siquiera se le pasó por la cabeza.

No hubo caso. Los fanáticos están convencidos de que Quino mató a Mafalda y por lo tanto tiene que existir un cadáver (refiriéndose a una tira donde se produzca dicho asesinato).

Una vida necesaria para cambiar el mundo

Mafalda no sólo es un personaje identitario de la sociedad argentina de los ´70, sino que en muchos países del mundo se la adora y se la considera un símbolo del libre pensamiento y la crítica social.

Entre las cosas que Mafalda detesta se encuentran la sopa, las injusticias y la mediocridad. Es una niña que tiene una mente inmensa y que siempre está intentando convencer a quienes la rodean de que es necesario analizarlo todo para conseguir una vida más justa; tiene una actitud absolutamente comprometida con el ecosistema, la paz mundial y las buenas relaciones en la humanidad. Le gustan Los Beatles, el Pájaro Loco y jugar con sus amigos a los vaqueros. Ah y otra cosa, adora los panqueques, tanto que incluso es capaz de tomar un plato de sopa para poder degustar ese exquisito postre.

La historia de Mafalda no está narrada en forma cronológica. Comienza cuando ella tiene 6 años aunque al año siguiente ingresa en el jardín de infantes (cuando éste en realidad se comienza a los 5). Después va la primaria; pero los años avanzan lentos, en diez años de historieta no llega a pasar de cuarto grado, sin haber repetido ni una vez.

Vive en una familia formada por tres miembros (hasta que nace su hermano Guille). Su padre se llama Tomás y es empleado en una compañía de seguros; su madre es Raquel y trabaja en casa, cuidando del hogar, educando a su hija y sobrepasada por los problemas hogareños. Son personas tradicionalistas, con ideas conservadoras y vidas absolutamente normales, y para ellos los planteos de su hija resultan incomprensibles y hasta molestos; esa niñita de muchos menos años que ellos resulta tener todo mucho más claro y saber muy bien qué espera de la vida.

La pandilla de Mafalda

El resto de los personajes son los amiguitos de Mafalda.

Manolito es el hijo de un inmigrante español que tiene un almacén y cuya única aspiración en la vida es hacer mucho dinero, despreocupándose de los demás. Sueña con montar una gran cadena de almacenes y con ella hundir a Rockefeller.

Felipe, un niño soñador y que parece vivir al margen de todo, también apasionado de Los Beatles y los cómics de vaqueros. Le tiene un miedo atroz a las tareas de la escuela y está enamorado de una chiquilla que aparentemente ni siquiera sabe de su existencia.

Susanita, una niña absolutamente normal en una sociedad mediocre. Sueña con tener muchos hijos y un marido que la mantenga y piensa que el futuro perfecto del verbo amar es “hijitos”. Ella y Mafalda, como era de esperarse, mantienen severas discusiones, a Mafalda su forma de pensar la aterroriza, no puede creer cómo puede desear en vez de la libertad, una vida dedicada a la superficialidad y a la mediocridad.

Miguelito, el más inocente y pequeño de la pandilla, algo egocéntrico y que sueña con el día en el que su madre no le regañe por no sacarse las zapatillas al entrar a casa.

Libertad (la última en unirse al grupo) es en sí misma un paradigma, al ser la más pequeña de estatura, como minúscula es la libertad. Es el único personaje que posee una ideología más liberal que la propia Mafalda y la que más habla con la protagonista sobre los conflictos sociales y políticos; aunque al discutir se ponen de acuerdo, la visión de Mafalda pesa más, posiblemente porque es más realista. Ciertos comentarios de Libertad dejan entrever que detrás de su inocencia se esconde una espontanea crueldad.

En lo que respecta a Guille, se sabe que a causa del golpe de estado del ´66 no pudo nacer a tiempo. En 1966 su madre estaba embarazada y luego del derrocamiento del presidente Juan Carlos Onganía la tira se suspendió, al cerrarse el periódico “El Mundo”. Recién pudo venir al mundo, cuando Mafalda volvió a publicarse, el 21 de marzo de 1968.

Por último cabe mencionar a Burocracia, la mascota de Guille y Mafalda, una tortuga a quien la han nominado así por su lentitud. Solamente se la ha visto correr muy rápido frente a un plato de sopa (al igual que Mafalda, odia este plato) y se sabe que su manjar preferido es un buen plato de lechuga.

En torno al mito

El mito de la muerte de Mafalda es algo fascinante para muchas personas y esto hace que este personajito deje de ser imaginario, cobrando una vida tan real que incluso no puede desaparecer sin morir: tienen que estar diseminadas por alguna parte las pruebas de su muerte.

En lo que a mí respecta, no entiendo esa necesidad de un “cuerpo del delito” si Mafalda no sigue apareciendo. Más allá de que creo que como buen personaje literario permanecerá siempre vivo, mientras creamos en ella, ni siquiera puedo ponerme de acuerdo con esta teoría si lo miro desde un punto de vista realista ¿ Por qué sí o sí tiene que haber muerto? A lo mejor simplemente decidió retirarse, alejarse de los focos para intentar vivir su vida lejos de nuestros ojos…

De más está decir que los “Mafalda-adictos” mexicanos se sintieron altamente desilusionados al enterarse de su brutal muerte, por lo que podemos concluir que ni siquiera esta tira podría significar un recuerdo necesario para los que nos consideramos fieles seguidores de esta historieta.

Creo que no necesitamos pruebas de su muerte porque en realidad es imprescindible que mantengamos viva a esta pequeñaja. Porque es responsable de que muchos niños y niñas hayamos tenido un incentivo para crear una mente abierta, en medio de la mediocridad en la que la mayoría nos hemos criado y a entender que la vida es mucho más compleja que como nos enseñaron nuestros padres.

Y, sobre todo, la necesitamos porque su presencia nos recuerda que las ideas no se venden y la única manera de transformar este mundo es cultivando una forma de pensar auténtica e insobornable para ser tolerantes, apreciar todo lo que hay en el mundo de positivo y denunciar aquello que no es justo.