La melancolía en la literatura

Seguramente la melancolía es uno de los sentimientos más presente en la literatura, hija de la nostalgia, prima de las pérdidas y hermana de la tristeza. La melancolía es un sentimiento difuso que no llega a ser dolor, ni tampoco alegría, es un híbrido entre el llanto y la risa y la protagonista en millones de relatos, poemas y novelas.

En este artículo la buscaremos en algunos autores, intentaremos acercarnos a ella a través de obras que han marcado la historia de la literatura universal.

Melancolía, tele y literatura

Hace unos días me preguntaba por qué razón en la tele pasan tantas series de época: “Toledo”, “Águila Roja”, “Hispania”, “etc”. La respuesta es el éxito, porque todo lo que perdura más de una temporada en la televisión le debe su permanencia a este factor.

Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué tienen tanto éxito, incluso más que otras series ambientadas en nuestros días? Posiblemente porque nos transportan al pasado, a ese rincón que no conocemos pero anhelamos. Nos dan unos gramos de melancolía y permiten que nuestra vida se vuelva más especial.

La melancolía tiene una magia única que hace que al recuperar ciertas sensaciones de antaño, podamos renovar nuestro deseo de estar vivos. La misma que se encuentra presente en la tele hoy, ha estado desde los orígenes de las letras en las novelas que los lectores afanosos hemos consumido con pasión; porque los seres melancólicos nos pasamos la vida buscando viejas sensaciones en nuevas experiencias.

La melancolía es parte de nuestra historia y por ende no podía faltar en la literatura. Se encuentra en los antiguos textos griegos, con esos personajes oprimidos y descabellados de las tragedias, y en las monstruosas obras de Shakespeare. También podemos encontrarla en nuestra era, en las magníficas obras de Amós Oz, Juan Cruz Ruiz, Orhan Pamuk, Ana María Matute, Chejfec y tantos otros fabulosos autores.

Rusos y submarinos

Los rusos tienen sus páginas bañadas de melancolía. Es ella protagonista de la mayoría de sus historias; sus personajes parecen cautivos de esa extraña sensación y algunos de ellos no pueden escapar a cometer actos bruscos a causa de ello.

Si nos fijamos, por ejemplo, en el protagonista de “Noches Blancas” de Fédor Dostoyevski, podremos verlo enamorándose de Nástienka y capaz de soñar una realidad que los mismos lectores estamos convencidos de que nunca podrá volverse real: la viva imagen de la melancolía.

Por su parte, Chejov expresaba que el Rey David tenía un anillo que ponía “todo pasa”, reflexionando sobre esa frase el autor ruso objetaba que cuando uno está triste la idea de que todo pasará produce consuelo, pero en los momentos de alegría lo que aflora es la melancolía, como si temiera perderse aquello que, de todas formas, se sabe que tarde o temprano se esfumara.

La obra de Julio Verne también se halla regada de melancolía. El Capitán del Nautilus, Nemo, por ejemplo, es un ser misterioso a la vez que culto y muy inteligente, y se halla completamente encerrado en ese pasado que no es capaz de revelar. Nostalgia y melancolía es todo lo que se respira en su enorme submarino.

Arthur Conan Doyle decía que para él la melancolía era como un velo tendido sobre el paisaje que permitía vislumbrar la proximidad del invierno. Una frase bastante simbólica y clara, porque los seres humanos somos ñoños: nos gusta sentir aromas viejos, nos enloquecen los modelos retros y volvemos a vestirnos como hace cien años con tal de sentir esa pertenencia al pasado.

Melancolía: ¿Enfermedad o talento?

En la antigüedad las personas melancólicas eran consideradas enfermas, se creía que padecían alguna patología mental; sin embargo, había gente que sostenía que si bien esta característica natural podía tratarse de una enfermedad, debía ser aceptada con orgullo pues permitía desarrollar un don intelectual, predisponía a estos enfermos de una mayor capacidad para la creación poética. He aquí una visión positiva de la melancolía.

Parece que en mis últimos artículos estoy mono temática, sin embargo, tratándose de este tema, no podemos dejar de mencionar a Don Quijote ¡hombre melancólico si los habrá! En él esta característica lo volvía un ser sumamente creativo e imaginativo, con cierta tendencias al sacrificio y la penitencia y una visión del amor sumamente romántica y vulnerable.

La principal característica relacionada con la melancolía es la que se puede encontrar en el Quijote, la capacidad de cambiar todo lo que toca. Los personajes melancólicos suelen tener una visión de la vida sumamente extraña e impregnada de nostalgia, puede que sea gracias a la melancolía que consiguen volver fascinantes sus existencias.

La protagonista inexorable

En este punto es necesario aclarar que la melancolía siempre viene acompañada de nostalgia, pero no todas las nostalgias son melancólicas. Pese a ello, generalmente en la literatura los personajes nostálgicos llegan a ser melancólicos porque se encuentran terriblemente enajenados, incapaces de ver la realidad de otro color que no sea ése mustio, sepia, amarillento y hasta blanco en ocasiones, los colores que distinguen la melancolía. Tal vez porque los propios autores son humanos y quieren ofrecernos aquello que ellos mismos necesitan.

En su obra “La música del azar”, Paul Auster expresaba:

Y puedo decir ahora que comprendo por qué necesitamos tanto de las series de época. Por la misma razón que necesitamos leer autores clásicos: porque la melancolía es un ingrediente sumamente necesario para sentirnos vivos y jóvenes, y para recordar que no lo hemos vivido todo, y que detrás de la próxima esquina de nuestra existencia algo misterioso nos espera, algo que nos hará entender de dónde venimos y para qué, como al viejo Capitán Nemo.

Comentarios1

  • el angel solitario

    realmente la melancolia se roba mi inspiracion, al estar en un estado intermedio, sin dolor ni alegria, se puede entender mejor algo que los sentimientos alteran



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