Recientemente hemos hablado sobre las enfermedades de los escritores y ciertas rarezas que giraban en torno a sus vidas y que los marcaron considerablemente, llevándolos a decantarse por la escritura y, en muchos casos, a convertirse en grandes en este arte.

Hoy les traigo un artículo relacionado con los anteriores; esta vez hablaremos sobre la epilepsia, dolencia que aquejó a muchos escritores conocidos y que, en general, provocó importantes consecuencias en su vida y en su literatura.

¿Qué es la epilepsia?

La epilepsia (que en griego significa “ser cogido desde arriba”) se define como una enfermedad que se manifiesta a través de convulsiones (crisis epilépticas) y que son producidas por una alteración en la actividad cerebral del paciente.

En la actualidad es una enfermedad contra la que existe un tratamiento bastante seguro a base de anticonvulsivos que normalizan el funcionamiento del cerebro, impidiendo que se produzcan esos lapsus propios de las crisis epilépticas y permitiendo a los pacientes desarrollar una vida normal; sin embargo, a principios del siglo XIX todavía no se conocía ningún tratamiento, ni siquiera podían realizarse estudios detallados del funcionamiento del cerebro y, por ende, tampoco se habían descubierto las razones que provocaban dicha enfermedad.

Cabe mencionar que en aquella época, en muchas culturas se creía que se trataba de un mal demoníaco, como si los enfermos fueran de pronto poseídos por un espíritu maligno o algo así, por eso aquéllos que la padecían no sólo vivían una verdadera tortura por los problemas que esta enfermedad les traía sino que además sufrían del rechazo de sus propios amigos y compañeros de rutina.

La epilepsia de Gustave Flaubert

Gustave Flaubert padeció esta enfermedad desde los 22 años y ésta fue la causante de que cambiara rotundamente sus hábitos, siendo su primera crisis un hecho que marcó un antes y un después en su vida.

Muchos médicos, entre los que se encontraba el padre del autor, quien era un reconocido médico de Francia, estudiaron su caso y, todos ellos, estuvieron de acuerdo en que se trataba de epilepsia.

Su vida dio un cambio brusco, hasta ese momento gozaba de una popularidad y una vida social bastante intensa, y desde entonces se encerró y se replegó en la escritura. Dijo:

El idiota, de Fiódor Dostoyevski

Seguramente Fiódor Dostoyevski es uno de los autores epilépticos más famosos de la historia, porque además escribió extensamente sobre la epilepsia.

En su novela, “El idiota” (también conocida como “El príncipe idiota”) Fiódor describe con total maestría las diferentes etapas de las crisis epilépticas. El protagonista, Lev Nikoláyevich Mishkin, es un joven que padece esta dolencia y expresa minuciosamente sus sensaciones con respecto a ella. Por lo visto se trata de una obra con muchísimos elementos autobiográficos que nos permiten entender, en la piel del personaje, las propias emociones del autor.

Fiódor describió con precisión las sensaciones causadas por las convulsiones pero se esmeró aún más en describir el aura (momento anterior a la crisis en el cual el enfermo siente que su entorno cambio velozmente, percibe olores que no existen o se siente como transportado a otra realidad) y lo hace describiéndolo como un momento de armonía y felicidad absolutas. Dice:

Al leer esta novela descubrimos que no se trata de una mera descripción novelesca sino más bien de un riguroso examen médico sobre cómo es la evolución natural de esta enfermedad y una descripción impresionante de lo que siente el epiléptico.

Es sumamente interesante enterarse de que, valiéndose de lo descrito por Fiódor en esta obra, diversos especialistas fueron capaces de diagnosticar con la mayor exactitud posible el tipo de epilepsia que él padecía.

En Fiódor las crisis comenzaron a los 25 años de edad de una forma brusca y violenta, sin embargo recién en su período de condenado en Siberia fue cuando se declaró la enfermedad, dada la gran intensidad y frecuencia de las crisis.

A partir de los 32 años, sufría de crisis gran mal (convulsiones violentas) al final de cada mes, con exacta regularidad. Las mismas venían con convulsiones en todo el cuerpo, pérdidas de memoria, taquicardia, problemas para respirar, espuma en la boca y un proceso posterior invadido de afasia y depresión; sin embargo, no padecía enfermedades neurológicas o psiquiátricas, por lo que se cree que su epilepsia era del tipo que afecta el lóbulo temporal.

Nadie como Dostoyevski ha sabido expresar con total claridad cómo funciona la mente de los que padecen esta enfermedad; su forma de entenderlo y de hablar “desde dentro” ha sido fundamental para tener un conocimiento literal y científico de cómo se manifiesta la epilepsia y cómo la viven los enfermos.

En aquel momento, principios del siglo XIX no se conocía un tratamiento eficaz, tan sólo cuidados paliativos con opio o soluciones fuertes, pero Dostoyevski no quiso este tipo de medidas, prefirió aprender a vivir con sus crisis; puede que haya sido bastante relevante en su toma de decisión, la sensación que en él dejaba el aura, descrito en varias ocasiones:

Una enfermedad poco conocida pero bastante común

Hubo más escritores que también la padecieron, tales como: Edgar Allan Poe, Stephen Knight, Charles Dickens, Lewis Carroll (aunque se cree que pudo haber un error en su diagnóstico), Lord Byron, Agatha Christie y Walter Scott, entre muchos otros.

Me resulta sumamente interesante pensar en que muchos escritores, quienes se dedicaron a géneros absolutamente distintos y que manifestaron personalidades antagónicas entre sí, hayan padecido esta misma enfermedad. ¿Qué tenían en común todos ellos?

A lo mejor sólo se trata de una curiosa coincidencia, ya que la epilepsia es una enfermedad mucho más común de lo que se cree (entre un 1% y un 2% de la población mundial la padece) y aunque no se hable mucho de ella, se encuentra presente a nuestro alrededor; o quizás, sí existen similitudes en el funcionamiento neuronal de determinados autores que hizo posible que en ellos se manifestara esta enfermedad. ¿Lo sabremos algún día?