Se sabe que las definiciones concretas son complicadas en el ámbito de la literatura. Cuando un autor se dispone a escribir, trata de no limitarse por los géneros o las reglas, más allá de aquellas imprescindibles para que el texto tenga la calidad que se merece.

Edgar Allan PoeA grandes rasgos, el concepto de cuento supone una narración breve de hechos imaginarios. Cuenta con un grupo reducido de personajes y con un argumento no demasiado complejo. Sus características hacen que la distancia entre un cuento y una novela corta sea bastante corta. Por eso, el argentino Julio Cortázar ha definido a la novela corta como un “género a caballo entre el cuento y la novela”.

El cuento, en definitiva, se caracteriza por su economía de recursos narrativos. Pueden mencionarse dos grandes tipos de cuentos: el cuento popular y el cuento literario.

El cuento popular es, generalmente, una narración tradicional que se transmite en forma oral de generación en generación. Suelen existir diferentes versiones de un mismo cuento, que mantienen una estructura similar pero que presentan diferentes detalles. El mito y la leyenda, por ejemplo, también son considerados como narraciones tradicionales, aunque constituyen géneros diferentes.

El cuento literario, también conocido como cuento moderno, es aquel relato que se concibe a través de la escritura y se transmite de la misma forma. A diferencia de muchos cuentos populares, el autor suele ser diferenciado y conocido. Entre los primeros cuentos escritos en castellano puede mencionarse a “El conde Lucanor”, una colección escrita entre 1330 y 1335 por el infante Don Juan Manuel.

En su extenso desarrollo histórico, el cuento ha generado numerosos subgéneros. Así nos encontramos con cuentos infantiles (como “Caperucita roja”, de Charles Perrault), cuentos policiales (“Los crímenes de la calle Morgue”, de Edgar Allan Poe), cuentos fantásticos (“La pata de mono”, de W.W. Jacobs), cuentos de terror (“La llamada de Cthulhu”, de H.P. Lovecraft) y hasta microcuentos o microrrelatos (como aquel de Augusto Monterroso que señala: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”).