Teresa Domingo CatalàSéptima entrega exclusiva del poemario Un amor que palpita solitario de Teresa Domingo Català.

LA MIRADA

Vienes con el aroma de los nardos,
fugaz como una rosa enamorada,
y es tu voz el acento de mis ingles,
y es tu cama el reposo de mi pecho.

Llegas desnudo con tu piel de brea,
con el sudor cansado de la aurora,
tu aroma masculino me confunde,
vigilante en penumbra de mis noches.

Cada día te veo amanecer
enredándose el sol en tus cabellos,
con el milagro de la vida plena.

Tus párpados de menta y levadura
me muestran unos ojos alborados,
donde miran mis ojos y mis dedos.

TU SANGRE

Sudada en el dorso de la puerta,
vestida con mi piel y mi deseo,
espero que despiertes, presurosa,
desnudo con el celo de los alces.

Somos dos ciervos en amor unidos,
y no existe la luz que nos deslumbre,
somos sombras solares, mariposas
confundidas por el olor del sexo.

Acércate dormido a la ventana,
yo quiero contemplarte en tu hermosura,
y escuchar los gemidos en tus labios.

Atesoro tu cuerpo y tu latir
con el ansia de un enemigo invicto,
y tu sangre es la sangre que me llama.

APASIONADA

Cae el rumor, la brisa de tus manos,
sobre mi cuerpo juguetón, abierto,
como un mar que da vueltas en el aire
de un ciclón de pieles presurosas.

Como una perra seguiré tus pasos,
seré puta en lo dulce de tu cama,
con un amor potente y mercenario
que me acopla desnuda con tus besos.

Este amor me proclama y me reclama,
soy el zorro abatido en la carrera,
un tornado de cielos peregrinos.

El blasón de tu escudo me posee,
mi carne está con fuego señalada.
Toda yo soy mi sexo en cueros vivos.