Quinta entrega exclusiva del poemario Un amor que palpita solitario de Teresa Domingo Català.

IRME

La brisa que corona mi penumbra
es un chal que hormiguea en mis entrañas,
un lagar de penínsulas extrañas,
la cita con el tiempo que me alumbra.

Eres el roce de mi piel que quema,
como una mariposa en aire firme,
como si con tu cuerpo pudiera irme
y rebasar tus labios y tu emblema.

Amanece tu piel en mi mirada,
un latido lunar y rotatorio,
un espasmo con piedras por testigo.

Revivo la caricia de la nada,
asciendo del infierno al purgatorio,
prendida de los mares voy contigo.

ENFERMA

Los olivos mantienen su presencia
en la línea curva de la duda,
allí donde la mar no se desnuda,
allí donde la hondura se silencia.

Allí está tu amor, ésa es su cadencia,
como las ramas que el verano suda,
como las hojas que el invierno anuda
junto al tronco, mostrando su dolencia.

Qué enfermo es amar, sangre y savia unida
hilando en la raíz desesperada,
pasión representando el pensamiento.

Y son las flores un presentimiento,
un desliz de luz, una arremetida,
influjo de la carne subyugada.

EL TIEMPO SE ANUDA

Levantarás mis huellas para siempre
y una hogaza de pan por la costumbre
de unos besos que estaban enredados
y suspiraban agua y vendavales.

Entreviste las puertas del sagrario
de un corazón que apenas se desnuda,
no al menos con los pasos de los hombres
que aceleran la luz y sus comienzos.

Ignorarás el baile de los mirlos
que se esconden sedientos en mi espíritu,
como un balancear de golondrinas.

Seré como un vencejo que le aúlla
al transcurrir de un tiempo portentoso
que se anuda en mis ínsulas extrañas.