Desasosiego
Las horas caen en silencio, sobre el país en que la noche traza sus listones. Desde el temor antiguo que impera en las fachadas, tiembla el desasosiego hasta la ojiva granate que toma la ciudad; la envuelve luego de un gris apacible con lámparas de luces mortecinas, aves nocturnas, resurrecciones, y cazadores de sueños.
Los paseantes se recogen bajo las tapas de sus libros, donde únicamente pueden ser descubiertos por algunos insomnes, o por intrusos de manos sonámbulas que desandan pasillos para beber de otra fuente.
Los murciélagos de oscuro ceniciento, salen de la mazmorra; sacan a paseo sus pequeños con inmensa ternura. Rastrean el olor del mango y liban de la pulpa en su costado más dulce.
Comienza la danza de los que viven en reposo el día… y las tijeras, las tacitas de café, los herrajes, los sillones, y los sacapuntas, abren las gargantas de la noche, los oídos de la noche, las esferas de la noche.
Las cucarachas asoman con sus trajes de baile; algunas buscan una gota de miel o un pedazo de pan con frío regocijo; otras acechan, terriblemente hermosas, el feliz pasaje de la causalidad.
Nunca se supo cómo, cuándo, dónde, detenerlas. Bailaban encima de las mesitas, sobre los adornos, por las paredes…, como párvulas recién graduadas en delirio de togas y birretes. En los pardos, en los marrones, en las testas coronadas con ambarino linaje de tenazas, cabalgaban la noche pasando de un tono a otro para no repetirse, para dejar sus huellas en la esfera del reloj, el las sendas tantas veces transitadas por sus precursores.
No claudicar sobre un tablero de parchís fue la consigna; esperar el momento en que la abuela, con esa paciencia que transcurre sin tocar el tornillo maestro del alma de las cosas, yerra el hachazo para que no caiga desde el sueño la cabeza cercenada.
La luna, espectro de difícil sombra, marca el plazo del golpe, del aullido que nos cambia de alma, para caminarnos sobre el hielo de su anverso hasta encontrar la rueca, o el ojo inmaculado en que cualquier hilván nos aprisione.
María Eugenia Caseiro
buhowriter@hotmail.com
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María Eugenia Caseiro el 6 de Noviembre de 2006Categorías: Cuentos
7 comentario/s hasta el momento
















7 de Noviembre de 2006 a las 12:25
Muy bonito,
Más lenguaje poético del que conozco (pero así aprendo).
Esta es la parte que más me gusto:
“Las cucarachas asoman con sus trajes de baile; algunas buscan una gota de miel o un pedazo de pan con frío regocijo; otras acechan, terriblemente hermosas, el feliz pasaje de la causalidad. ”
Jess*
8 de Noviembre de 2006 a las 17:11
mmmmmmuuuuuuuuuuuuuuuuuuuyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy
lllllllllllllllllliiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnndddddddddddddoooooooo
10 de Noviembre de 2006 a las 16:11
hola gracias por esta bella poesia y por esos momentos de paz uqe hacen reflexionar sobre lo ocurrido en nuestras vidas un saludo a los lectores y un beso enorme a mi loquito
18 de Noviembre de 2006 a las 19:38
exelente poesia
24 de Noviembre de 2006 a las 11:46
Poema lleno de satisfacciòn hacia la imaginaciòn y la reflexiòn, la forma de ver las cosas surrealistamente es bello la parte que màs me gusto fue:
La luna, espectro de dificìl sombra,marca el plazo del corte, del aullido que nos cambia de alma,para caminarnos sobre el hielo de su anverso hasta encontrar la rueca, o el ojo inmaculado en que cualquie hilvàn nos apriosione.
LLeno de amor y pasiòn por los cambios efìmeros de la vida, gracias por estos pemas que nos llenan los sentidos,
26 de Noviembre de 2006 a las 18:25
Te felicito, María Eugenia, por tan hermoso texto. Hilvanas las ideas con maestría y captas la atención del lector desde la primera frase.
Aspiro, algún día, poder escribir como tú.
29 de Enero de 2007 a las 16:02
Ma Eugenia considero que el lenguaje utilizado en el poema requiere de cierta destreza para poder entender lo fascinante de él. Es un texto hermoso. Te felicito. Deibis Piñeros