Cuando una persona adulta se dispone a hacer memoria y se remonta a su infancia, es inevitable que afloren ciertos rituales que son recordados con cariño y nostalgia. Tomar la merienda frente a la televisión o jugar por la tarde en la plaza del barrio, por ejemplo, son actividades que suelen formar parte de la rutina de los niños y que, ya en la adultez, siempre se recuerdan con afecto. Por algo la infancia es muchas veces mencionada como el paraíso perdido de todo ser humano.

Hansel y GretelOtro ritual que los niños más afortunados pueden disfrutar es escuchar un cuento antes de ir a dormir. Acostarse en la cama y prestar atención a un relato narrado por papá o mamá suele ser sinónimo de entretenimiento y de un viaje libre para la imaginación. Esos cuentos infantiles pronto se vuelven un tesoro que la persona llevará consigo para siempre.

La literatura infantil ha dado numerosos cuentos clásicos que se transmiten de generación en generación. Los hermanos Grimm son un referente ineludible, al escribir o popularizar historias como “Caperucita Roja”, “Blancanieves y los siete enanitos”, “Hansel y Gretel” y “El sastrecillo valiente”, entre muchas otras.

Walt Disney es otro protagonista ineludible de la niñez. Este hombre y sus estudios cinematográficos lograron dar vida a los más maravillosos cuentos infantiles, escritos por diversos autores como los propios hermanos Grimm, Hans Christian Andersen y Dodie Smith.

Los cuentos de hadas, los relatos de aventuras, las fábulas y las más variadas narraciones con moraleja formaron y forman parte de la niñez de millones de personas en todo el planeta. Más allá de los avances tecnológicos y de la velocidad del mundo moderno, siempre debería haber espacio para tomar un libro y leérselo a un niño. La imaginación pura de la infancia se encargará de que se trate de una experiencia fascinante y enriquecedora.