André CruchagaNo se puede reducir la pobreza repartiendo la riqueza de unos hacia los otros como regalo de Santa Claus. La mejor y, quizá la única manera de hacerlo por mis convicciones pedagógicas, sea elevando el acceso a la educación. Una persona con mayor nivel educativo se torna más competitiva. Es decir, se coloca en el mundo laboral sin mayores tropiezos. A esto deben apostarle los políticos, los funcionarios de gobierno y el pueblo mismo.
La concepción tercermundista es caótica. Hay sectores de nuestra sociedad con una mente casi primitiva. La democracia no es libre albedrío, ni el albedrío puede interpretarse como anarquismo. Este último tiene un fundamento ético Aquí, todo se quiere hacer por la fuerza y se cae en las mazmorras del desorden y en las catacumbas de la indisciplina. Hace falta honradez; pero sobre todo hace falta soñar y construir el país que queremos.
Los que gobiernan en los diferentes ámbitos del aparato del Estado, deben ser menos demagógicos. Por ejemplo, en educación continuamente los titulares hablan de que no es obligación el uniforme para ser parte de un centro escolar. Estoy de acuerdo que éste no incide en nada en los aprendizajes de tipo conceptual; pero no puede negarse a merced de estar enajenado que dicho uniforme le da identidad cultural y sentido de pertenencia al alumno y al centro. La escuela tiene además de su misión instructiva, una misión educadora y no puede permitir ni tolerar el desarraigo actitudinal.
En este punto encuentro enormes contradicciones: se habla de la instauración de un programa de moral y cívica. Hasta qué punto, es válido si va a primar la permisibilidad y la ambigüedad. No lo sé. Si creo que el discurso debería ser más coherente y menos amañado políticamente.
Con lo anterior no estoy defendiendo el paradigma de un control exacerbado. De ninguna manera. Lo que quiero plantear o, al menos esbozar, es que debemos desplazar el paradigma determinista del control que nos viene desde Isaac Newton, y abrirle paso al relativismo que no moldea ni controla, sino que abre posibilidades, y sentidos sin fronteras entre cuerpo y alma. La educación se mide por lo que la escuela es capaz de procesar y crear a partir de sus propias condiciones. No por lo que se le ocurre a un ministro. “El derecho es demasiado frío y formal para ejercer una influencia benéfica en la sociedad. Cuando toda la vida de un país está saturada de relaciones jurídicas, se crea una atmósfera de mediocridad que asfixia los mejores impulsos del hombre”.

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