Antonio Aliberti

Uno aprende a entregarse poco a poco...

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Uno aprende a entregarse poco a poco;
es una antigua costumbre de la piel,
casi una rutina permanente.

Ensaya los gestos más dramáticos,
los más inocentes,
altivos o distantes.

Finalmente consigue el ángulo perfecto,
y a ello sólo el tiempo contribuye.

Por eso —los muertos—
guardan una perfecta compostura.

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