Ene
Bomarzo
Delfina Acosta
Bomarzo es la historia del duque, del ser inmortal (aunque después le sobreviene la paz, o sea, la muerte) escrita por el genial escritor argentino Manuel Mujica Láinez. Bomarzo es un libro largo, difícil, a veces, de leer, debido al lenguaje retórico, suntuoso, cargado de afeites y de artificios multicolores. El autor hizo un plano de su libro alumbrado por la conciencia y las costumbres propias del Renacimiento.
Creo, repito, que Mujica Láinez ha elegido este tipo o modelo de comunicación para representarnos -vivamente- una época que brilló, que emergió de sus cenizas aún tibias, con luces superficiales e interiores (al mismo tiempo), reflejando con fidelidad el Renacimiento.
Jorobado, con el carácter agriado, el duque de apellido Orsini, concretamente duque de Bomarzo, nos cuenta su existencia, y es así como va narrando la deformación de su propio ego, las intrigas, los hábitos sexuales ociosos, los crímenes palaciegos que se turnaban en noches en que la luna se escondía y chistaban los búhos.
No hay amor de mujer para el jorobado. No hay trato de par a par, sino burlas. Pero luego, casado y desairado (por su mujer y por su naturaleza deformada) él manda construir un castillo, un altar, un templo, a la medida de su psiquis atormentada y de su existencia burlada (aunque también resplandeciente y espejeante en algunos párrafos de su tránsito por Bomarzo).
Pestes, guerras, abdicaciones, enfermedades venéreas, complicidades entre papas y reyes, tratos furtivos con meretrices complacientes que luego luchan por un anillo de poder, por cierto rango, forman parte de la obra literaria.
La excelencia artística de Miguel Ángel Buonarotti y de Benvenuto Cellini, la genialidad de Garcilaso de la Vega, van pasando por este volumen que dentro de un lenguaje depurado ofrece al lector momentos, instantes de belleza sin par.
Bomarzo es una gran obra.
Tiene, tal vez, algunos quilates aproximados a esas gigantescas expediciones literarias en las que se embarcan los escritores deseosos de dejar un legado escritural a las generaciones actuales y a las que vendrán.





Me he acostumbrado a dormir temprano. Me viene esa costumbre de mis abuelos paternos, quienes media hora después de haberse recogido el crepúsculo debajo de un majestuoso árbol de jacarandá, ya estaban acostados en sus camastros; el quinqué, apagado, velaba el sueño de las mariposas muertas.
Como particularidad, no puede dejar de mencionarse que el complemento preposicional puede ser sustituido por un pronombre personal tónico sin modificar ni eliminar la preposición y que, a diferencia del complemento circunstancial, no puede ser suprimido ni reemplazado por un adverbio. Además, su preposición está determinada por el verbo, razón por la cual no se puede quitar sin afectar el significado de dicha acción. A modo de ejemplo, se puede mencionar la oración “ocupar la casa”, que cambia su sentido si decimos “ocuparse de la casa”.
En otras palabras, se denomina interrogativas a aquellas construcciones que están enmarcadas en signos de interrogación y que se conocen como preguntas. Según sus características, esta clase de oraciones puede ser definida como parcial, total, directa o indirecta.
En el caso del escritor austríaco, la muerte se produjo el pasado 1 de enero en un hospital geriátrico de Suiza. 








