6
Ene

Bomarzo

Publicado por Delfina Acosta

Bomarzo es la historia del duque, del ser inmortal (aunque después le sobreviene la paz, o sea, la muerte) escrita por el genial escritor argentino Manuel Mujica Láinez. Bomarzo es un libro largo, difícil, a veces, de leer, debido al lenguaje retórico, suntuoso, cargado de afeites y de artificios multicolores. El autor hizo un plano de su libro alumbrado por la conciencia y las costumbres propias del Renacimiento.

Creo, repito, que Mujica Láinez ha elegido este tipo o modelo de comunicación para representarnos -vivamente- una época que brilló, que emergió de sus cenizas aún tibias, con luces superficiales e interiores (al mismo tiempo), reflejando con fidelidad el Renacimiento.

Jorobado, con el carácter agriado, el duque de apellido Orsini, concretamente duque de Bomarzo, nos cuenta su existencia, y es así como va narrando la deformación de su propio ego, las intrigas, los hábitos sexuales ociosos, los crímenes palaciegos que se turnaban en noches en que la luna se escondía y chistaban los búhos.

No hay amor de mujer para el jorobado. No hay trato de par a par, sino burlas. Pero luego, casado y desairado (por su mujer y por su naturaleza deformada) él manda construir un castillo, un altar, un templo, a la medida de su psiquis atormentada y de su existencia burlada (aunque también resplandeciente y espejeante en algunos párrafos de su tránsito por Bomarzo).

Pestes, guerras, abdicaciones, enfermedades venéreas, complicidades entre papas y reyes, tratos furtivos con meretrices complacientes que luego luchan por un anillo de poder, por cierto rango, forman parte de la obra literaria.

La excelencia artística de Miguel Ángel Buonarotti y de Benvenuto Cellini, la genialidad de Garcilaso de la Vega, van pasando por este volumen que dentro de un lenguaje depurado ofrece al lector momentos, instantes de belleza sin par.

Bomarzo es una gran obra.

Tiene, tal vez, algunos quilates aproximados a esas gigantescas expediciones literarias en las que se embarcan los escritores deseosos de dejar un legado escritural a las generaciones actuales y a las que vendrán.

6
Ene

La clave de la rutina

Publicado por Delfina Acosta

La clave de la rutinaMe he acostumbrado a dormir temprano. Me viene esa costumbre de mis abuelos paternos, quienes media hora después de haberse recogido el crepúsculo debajo de un majestuoso árbol de jacarandá, ya estaban acostados en sus camastros; el quinqué, apagado, velaba el sueño de las mariposas muertas.

A veces quería seguir escribiendo, pero mis padres me pedían que me acostara.

Soñaba yo con un gran futuro como crítica de “ramos generales”. Haría, de grande, estudios avanzados sobre las semejanzas entre las corrientes filosóficas orientales y las revelaciones de las partículas subatomales. Indagaría con éxito en el funcionamiento del cerebro y la rutina; recibiría, seguramente, duros ataques de parte de mis detractores, los sostenedores de la teoría de que el hombre es un animal político.

Bien. El caso es que he desarrollado una costumbre sana. Después de leer algo de Emyli Dickinson, Dawson, Hawking, Goethe, Manuel Puig, Adolfo Bioy Casares y Cervantes, me entrego al sueño. A la mañana, muy temprano, ya estoy en primeras charlas y saludos con los papagayos que vuelan alegremente sobre mi casa.

Asunción es una gran aldea, señor lector.

Hace unos días, entrando de puntillas en el gabinete de la casa (y digo gabinete pues es una verdadera fortaleza de viejos, muy viejos estantes donde conviven dentro de un clima neurótico, Emily Bronte, Manuel Mujica Láinez, Ernesto Sábato, etc.), escuché la siguiente frase: “El destino del hombre depende del hábito de la persona”.

Fui feliz al oír esa revelación.

Se confirmaba, pues, mi teoría de que la suma de los actos voluntarios pesa -total y definitivamente- en el resultado (éxito o fracaso) de nuestra existencia.

Y desde entonces, echando a funcionar mi sesera, redoblé mi hábito por la lectura.

Y leí con más paciencia, como si descubriera las sílabas del idioma castellano, aquella extraña fusión de locura y cordura de Don Quijote y Sancho Panza. Ya no leí para el disfrute, ciertamente, sino para interpretar las diversas influencias que la locura explícita tiene en el ánimo del escritor.

Tomé la hora seis de la tarde para redondear las ideas. Y así me pienso como lo que soy: una mujer de buenas intenciones y ganas de ocuparme de la rutina doméstica en la medida que me defiendo de mi torpeza.

Son días de calor. Aprovecho la pesada capa de presión atmosférica que promete algunos chubascos para ir lavando mis ropas y sábanas.

Sueño.

Tengo sueños de hacer conocer mis versos en distintas partes del mundo. ¿Lo lograré? Es muy probable que no.

Habituada a la lectura y a la escritura, y acostumbrada a sacar los mejores réditos de mi persona, creo, sin embargo, que mi nombre no sonará en vano.

Me pesa el tiempo.

Me pesa mi persona.

Me pesan muchas cosas.

Pero sigo con mis hábitos de lectura y escritura, como si en eso se me fuera la vida.

Estoy convencida de que la fuerza de voluntad define al ser humano.

Conviene tomar el hábito extraordinario del trabajo antes que el hábito común y corriente de quienes nada mayor esperan ya de la existencia.

5
Ene

Complemento preposicional

Publicado por Julián Pérez Porto

Un complemento preposicional es una función sintáctica cuyo objetivo es completar el significado de ciertos verbos que exigen una preposición obligatoria. Como su nombre lo indica, esta construcción está formada siempre por una preposición y un sintagma nominal o una oración subordinada.

Complemento preposicionalComo particularidad, no puede dejar de mencionarse que el complemento preposicional puede ser sustituido por un pronombre personal tónico sin modificar ni eliminar la preposición y que, a diferencia del complemento circunstancial, no puede ser suprimido ni reemplazado por un adverbio. Además, su preposición está determinada por el verbo, razón por la cual no se puede quitar sin afectar el significado de dicha acción. A modo de ejemplo, se puede mencionar la oración “ocupar la casa”, que cambia su sentido si decimos “ocuparse de la casa”.

De acuerdo a sus características, este tipo de complemento adquiere diferentes denominaciones. Existe, por ejemplo, el complemento preposicional del nombre (cuya función es completar el significado del núcleo de un sintagma nominal, tal como sucede en oraciones como “pollo al verdeo”, “libro de biología” o “fideos con manteca”), el complemento preposicional de la interjección, el complemento del adjetivo y el del adverbio.

Si bien los verbos no quedan al margen de los complementos preposicionales, en esos casos las categorías son más específicas y se dividen en complemento agente, suplemento o complemento del régimen.

El complemento preposicional puede ser reconocido por distintas características, como la forma (un sintagma introducido por una preposición) y la pronominalización (del sintagma nominal que sigue a la preposición, reemplazándolo por un pronombre tónico). El complemento preposicional también responde a las preguntas con el esquema preposición + qué + verbo: “¿A qué sabe? / Sabe a frutilla”, “¿Con qué viene? / Viene con una guarnición de papas fritas”, “¿De qué es? / “Es de chocolate con dulce de leche”.

5
Ene

Oraciones interrogativas

Publicado por Verónica Gudiña

Así como las oraciones exclamativas se utilizan para expresar emociones y se caracterizan por llevar signos de admiración tanto de apertura como de cierre, las oraciones interrogativas son aquellas que dejan evidencia un deseo de saber, interrogar, preguntar o cuestionar.

En otras palabras, se denomina interrogativas a aquellas construcciones que están enmarcadas en signos de interrogación y que se conocen como preguntas. Según sus características, esta clase de oraciones puede ser definida como parcial, total, directa o indirecta.

Se dice que una oración interrogativa es directa cuando cumple con el requisito de la entonación y los signos ¿?, tal como se puede apreciar en enunciados como “¿Me acompañas a tomar el taxi?” o “¿Podrías prestarme ese vestido?”. Por el contrario, es indirecta cuando el enunciado incluye verbos como decir, saber o preguntar, entre otros, y su sentido interrogativo no está determinado por una entonación ni por los signos correspondientes. “No sé si me quiere” y “Me preguntó si irías a visitarlo” son algunos de los casos que pertenecen a este grupo.

Por su parte, las oraciones interrogativas son totales cuando buscan una respuesta concreta, ya sea afirmativa como negativa, mientras que las parciales son aquellas que se caracterizan por indagar sobre una parte del contenido y, en el fondo, evidencian una aseveración.

“¿Qué hora es?”, “¿Por qué no me has llamado?”, “¿Qué día podríamos vernos?”, “¿Qué edad tienes?”, “¿Cuántos hijos tienes?”, “¿Cómo te ha ido en el trabajo?”, “¿Qué tipo de relación buscas?”, “¿Cuánto cuesta ese automóvil?”, “Si llueve mucho, ¿el paseo se suspende?”, “¿Por qué no te quedas a pasar la noche aquí?”, “¿Cómo puedo hacer para que me perdones?”, “¿Quieres jugar conmigo?” y “¿Cuál es tu animal preferido?” son otras de las oraciones que pueden ser utilizadas como modelo a la hora de definir con ejemplos las características de este tipo de construcciones interrogativas.

5
Ene

El 2009 comenzó con varios escritores fallecidos

Publicado por Julián Pérez Porto

El ámbito literario no tuvo la suerte de terminar bien el 2008 ni de recibir a pura alegría este año que recién comienza. Es que, en medio de las celebraciones navideñas y los festejos por la llegada de 2009, el mundo de las letras tuvo que lamentar la partida de Donald Westlake y, desde que comenzó el año, las de Inge Christensen y Johannes Mario Simmel.

En el caso del escritor austríaco, la muerte se produjo el pasado 1 de enero en un hospital geriátrico de Suiza. Simmel, quien había nacido el 7 de abril de 1924, alcanzó reconocimiento mundial a través de títulos como “No sólo de caviar vive el hombre”, “Me maravilla sentirme feliz”, “Los que están en la oscuridad” y “Con los payasos llegaron las lágrimas”. Estas obras, al igual que gran parte del resto de las creaciones literarias del autor, han sido traducidas a más de treinta idiomas y cuentan con un tiraje superior a los 73 millones de ejemplares, de acuerdo a los datos reproducidos por El País.

La poetisa danesa Inge Christensen, según se desprende de la información proporcionada por la editorial Gyldendal, perdió la vida el pasado viernes a la edad de 73 años. Esta escritora, quien desde hace años era mencionada como candidata a ganar el Premio Nobel de Literatura, había nacido en 1935 en Vejle, en la costa este de Jutlandia.

Sus logros en el ámbito literario fueron muchos. En este sentido, puede decirse que, además de haberse destacado gracias a obras como “Luz”, “Hierba”, “Ello” y “Alfabeto”, entre otras, tuvo el honor de integrar la Academia danesa y la Academia Europea de Poesía, además de haber sido galardonada con premios como el de los Críticos Daneses, la Medalla Holberg, el Premio Nórdico de la Academia Sueca, el Premio del Estado Austríaco de Literatura Europea y el Premio Siegfried Unseld.

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